RodrigoGarces
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- 22 Feb 2026
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Lo que propongo es ver el movimiento como alimento para el cuerpo. Ninguno es opcional para la vida.
Comemos todos los días.
Y también nos movemos cada día. ¿No?
Tenemos que ir a trabajar. Con suerte vamos en coche y con menos suerte sentados en el metro (y si has nacido estrellado incluso de pie). Y ya en la oficina, rentabilizamos el ascensor y nos volvemos a sentar en una silla bien mullida. Durante 6-8 horas en el mejor de los casos.
Puede que hagamos ejercicio varias veces en semana. En el gimnasio cogemos ticket para poder sentarnos en una máquina a darle intensidad y monotonía al pectoral.
Nos levantamos del sofá (sentadilla incluida) para abrirle la puerta al repartidor que nos ha traído una rica pizza a casa.
Y sí, a nuestra pareja también la hemos conquistado en movimiento, el de los dedos en la pantalla del móvil.
Con este panorama de la vida moderna, no me extraña que nos duelan hasta las pestañas por respirar. Y tampoco es raro que no veamos ningún camino más allá de estas.
Se aprecia y agradece la comodidad que nos toca vivir, por supuesto.
Pero que al menos no decidan por ti la calidad del movimiento con el que nutres tu cuerpo.
Te cuento más en instintivo.es
Comemos todos los días.
Y también nos movemos cada día. ¿No?
Tenemos que ir a trabajar. Con suerte vamos en coche y con menos suerte sentados en el metro (y si has nacido estrellado incluso de pie). Y ya en la oficina, rentabilizamos el ascensor y nos volvemos a sentar en una silla bien mullida. Durante 6-8 horas en el mejor de los casos.
Puede que hagamos ejercicio varias veces en semana. En el gimnasio cogemos ticket para poder sentarnos en una máquina a darle intensidad y monotonía al pectoral.
Nos levantamos del sofá (sentadilla incluida) para abrirle la puerta al repartidor que nos ha traído una rica pizza a casa.
Y sí, a nuestra pareja también la hemos conquistado en movimiento, el de los dedos en la pantalla del móvil.
Con este panorama de la vida moderna, no me extraña que nos duelan hasta las pestañas por respirar. Y tampoco es raro que no veamos ningún camino más allá de estas.
Se aprecia y agradece la comodidad que nos toca vivir, por supuesto.
Pero que al menos no decidan por ti la calidad del movimiento con el que nutres tu cuerpo.
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