Los hombres no lloran

xavidemelo

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22 Feb 2026
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Una mañana, volviendo de una visita familiar

al volante de su coche, comenzó a llorar.



Eran lágrimas sin fundamento aparente,

sin motivo alguno, sin acritud,

sin esa ira contenida que a veces tenía,

sin venir a cuento y sin pedir permiso.

Sin rabia ni cólera, sin día ni noche,

sin eclipse de luna ni sol radiante,

sin ton ni son, sin invierno, sin verano,

sin frustraciones ni desengaños.



Desde entonces, una vez por semana, lloraba.

Se sentaba y esperaba el llanto.



Lloraba por la soledad y por la compañía,

por los días perdidos y las horas muertas,

por el papá viejito y la mamá hacendosa,

por los hijos lejanos,

por la factura del auto,

por el hambre en el mundo,

por el calentamiento global,

por la frialdad de la gente,

por el miedo a perder y el terror a ganar

por los amigos que marcharon,

por las relaciones que perdió,

por las veces que hizo el amor

y por las que no lo hizo,

por la guerra que viene y la paz que no llega,

por la mente sana y la mente enferma

por Dios y el diablo,

por la Virgen y todos los santos,

por su infancia difícil y su madurez repentina,

por la profundidad del espíritu,

por la superficialidad

por la vulgaridad,

por sus mitos y sus iconos,

por las fiestas de guardar que no guardó,

por los comienzos, por los finales,

por el osito que dormía con el niño que fue,

por la fotografía en blanco y negro,

por los westerns en tecnicolor,

por el pan de cada día y el sudor de su frente,

por la tierra de nadie,

por los nadies,

por la nada,

por el Todo.



Y cuando se sentía bien llorado

se levantaba y marchaba al trabajo

con la lágrima puesta y el alma calmada.



Los hombres no lloran,

se decía a sí mismo,

con un guiño de complicidad,

sabiéndose vulnerable y tocado,

transgresor, rarito,

diminuto y grande a la vez,

y esperando impaciente

la siguiente llorada.



Para Laura, con amor
 
Una mañana, volviendo de una visita familiar

al volante de su coche, comenzó a llorar.



Eran lágrimas sin fundamento aparente,

sin motivo alguno, sin acritud,

sin esa ira contenida que a veces tenía,

sin venir a cuento y sin pedir permiso.

Sin rabia ni cólera, sin día ni noche,

sin eclipse de luna ni sol radiante,

sin ton ni son, sin invierno, sin verano,

sin frustraciones ni desengaños.



Desde entonces, una vez por semana, lloraba.

Se sentaba y esperaba el llanto.



Lloraba por la soledad y por la compañía,

por los días perdidos y las horas muertas,

por el papá viejito y la mamá hacendosa,

por los hijos lejanos,

por la factura del auto,

por el hambre en el mundo,

por el calentamiento global,

por la frialdad de la gente,

por el miedo a perder y el terror a ganar

por los amigos que marcharon,

por las relaciones que perdió,

por las veces que hizo el amor

y por las que no lo hizo,

por la guerra que viene y la paz que no llega,

por la mente sana y la mente enferma

por Dios y el diablo,

por la Virgen y todos los santos,

por su infancia difícil y su madurez repentina,

por la profundidad del espíritu,

por la superficialidad

por la vulgaridad,

por sus mitos y sus iconos,

por las fiestas de guardar que no guardó,

por los comienzos, por los finales,

por el osito que dormía con el niño que fue,

por la fotografía en blanco y negro,

por los westerns en tecnicolor,

por el pan de cada día y el sudor de su frente,

por la tierra de nadie,

por los nadies,

por la nada,

por el Todo.



Y cuando se sentía bien llorado

se levantaba y marchaba al trabajo

con la lágrima puesta y el alma calmada.



Los hombres no lloran,

se decía a sí mismo,

con un guiño de complicidad,

sabiéndose vulnerable y tocado,

transgresor, rarito,

diminuto y grande a la vez,

y esperando impaciente

la siguiente llorada.



Para Laura, con amor
El llanto del hombre en esta era de la fragmentación, es mas necesario que nunca.

El caso es detectar de donde viene sin simplificarlo con un "todo esta bien".

Gran tema el que expones Xavi, en un texto con alma.

Un abrazo amigo.
 
Hola, Pablo, gracias por contestar

Hay dos frases que tienen un profundo sentido para mí y que me ayudan mucho, cuando me resiento y me resisto:

"Todas las cosas obran conjuntamente para el bien, salvo a juicio del ego" (UCDM)

"Todo el mundo lo hace lo mejor posible, con las herramientas que tiene a cada momento" (Se la oí a Pablo D'ors)

Me dan mucha paz, la verdad. Y se las digo a menudo a mi pareja, que tiene 19 años menos que yo y anda con sus luchas con el mundo.

Y se cabrea que no veas, jejejeje...

Te mando un abrazo, amigo

Xavi
 
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