Hugo Roca
Funcionario
- Desde
- 21 Feb 2026
- Mensajes
- 3
- Trofeos
- 0
Cuando murió Pierre Boulez (1925-2016), hace 10 años, dije que su música me hace pensar en la sonrisa de un cascarrabias. Ahora, que celebramos 100 años de su nacimiento, las imágenes que recibo son menos cínicas.
Si alguien me pregunta ¿quién fue Pierre Boulez?, ya no me limitaría a la intención destructiva en su pensamiento musical. Ahora intentaría dotarlo de una intención luminosa, casi mística.
Por lo tanto, diría cosas como: Pierre Boulez…
… aniquiló el pasado y trazó el vuelo de un pájaro en el piano.
… eliminó la voluntad en el proceso creativo; así abrió un diálogo directo entre lo inexplicable y la polifonía.
… creó una obra que se llama El martillo sin dueño: es opresiva, asfixiante… aunque filtra, aquí y allá, paisajes abiertos, de los que no te das cuenta, hasta que de pronto, sin saber cómo, te atraviesa una sensación inesperada de esperanza… se desvanece pronto, pero no por eso deja de ser una experiencia inolvidable e intensa, como encontrar un jardín en una cárcel.
O quizá me limitaría a citar a Otto Klemperer:
“Pierre Boulez es el único hombre de su generación tan excelente como director y como músico”,
Aunque es probable que al final, retome mi idea antigua y simplemente diga:
Pierre Boulez fue un cascarrabias sonriente.
Aniquiló ─por inútil─ cualquier referencia explícita al pasado y, a través de maneras radicales de articular sonidos, creó complejas búsquedas musicales que retan a la humanidad entera.
Que retan sus creencias
Que retan sus prejuicios
Que retan su esperanza
Que retan su sensibilidad
Que retan sus idiomas
Que retan sus esquemas
Que retan sus decisiones
Que retan su fe
Que retan su inteligencia
Estamos, por lo tanto, hablando de un provocador.
Escuchemos DériveI I (1984).
La escribió a los 60 años. Una pieza para orquesta de cámara con tintes lúdicos: los instrumentos de percusión (piano y vibráfono) proponen un fondo estático, de densa resonancia, sobre el cual los demás instrumentos (flauta, clarinete, violín y violonchelo) establecen un juego de ágiles gestos melódicos.
Y el último Boulez, el viejo, quiso jugar e invita a la humanidad entera a:
Que juegue con sus creencias
Que juegue con sus prejuicios
Que juegue con su esperanza
Que juegue con su sensibilidad
Que juegue con sus idiomas
Que juegue con sus esquemas
Que juegue con sus decisiones
Que juegue con su fe
Que juegue con su inteligencia
Estamos, por lo tanto, hablando de un compositor con un refinado sentido del humor.
Si alguien me pregunta ¿quién fue Pierre Boulez?, ya no me limitaría a la intención destructiva en su pensamiento musical. Ahora intentaría dotarlo de una intención luminosa, casi mística.
Por lo tanto, diría cosas como: Pierre Boulez…
… aniquiló el pasado y trazó el vuelo de un pájaro en el piano.
… eliminó la voluntad en el proceso creativo; así abrió un diálogo directo entre lo inexplicable y la polifonía.
… creó una obra que se llama El martillo sin dueño: es opresiva, asfixiante… aunque filtra, aquí y allá, paisajes abiertos, de los que no te das cuenta, hasta que de pronto, sin saber cómo, te atraviesa una sensación inesperada de esperanza… se desvanece pronto, pero no por eso deja de ser una experiencia inolvidable e intensa, como encontrar un jardín en una cárcel.
O quizá me limitaría a citar a Otto Klemperer:
“Pierre Boulez es el único hombre de su generación tan excelente como director y como músico”,
Aunque es probable que al final, retome mi idea antigua y simplemente diga:
Pierre Boulez fue un cascarrabias sonriente.
Aniquiló ─por inútil─ cualquier referencia explícita al pasado y, a través de maneras radicales de articular sonidos, creó complejas búsquedas musicales que retan a la humanidad entera.
Que retan sus creencias
Que retan sus prejuicios
Que retan su esperanza
Que retan su sensibilidad
Que retan sus idiomas
Que retan sus esquemas
Que retan sus decisiones
Que retan su fe
Que retan su inteligencia
Estamos, por lo tanto, hablando de un provocador.
Escuchemos DériveI I (1984).
La escribió a los 60 años. Una pieza para orquesta de cámara con tintes lúdicos: los instrumentos de percusión (piano y vibráfono) proponen un fondo estático, de densa resonancia, sobre el cual los demás instrumentos (flauta, clarinete, violín y violonchelo) establecen un juego de ágiles gestos melódicos.
Y el último Boulez, el viejo, quiso jugar e invita a la humanidad entera a:
Que juegue con sus creencias
Que juegue con sus prejuicios
Que juegue con su esperanza
Que juegue con su sensibilidad
Que juegue con sus idiomas
Que juegue con sus esquemas
Que juegue con sus decisiones
Que juegue con su fe
Que juegue con su inteligencia
Estamos, por lo tanto, hablando de un compositor con un refinado sentido del humor.