SoyJCG
Currante
- Desde
- 22 Feb 2026
- Mensajes
- 19
- Trofeos
- 6
Firmamos el contrato.
Pasaron un par de días y soltó la bomba: "siempre no, quiero pagar de otra forma".
Ok. Propusimos un ajuste del cinco por ciento en el precio final. Así cubríamos la complejidad operativa de su nuevo capricho.
Aceptó. Firmamos un segundo contrato y avanzamos.
Hasta que pasaron otros dos días.
"Siempre no, quiero mi nueva forma de pago pero sin costo extra".
Fin de la conversación.
Explicamos los motivos para rechazar sus nuevas condiciones.
Decidió cancelar.
Tres meses de prospección y dos contratos a la basura.
Sería el tercer cliente más grande en nuestra cartera.
Tentador. Mucho.
Pero la decisión fue clara.
Preferimos soltar ese trato antes que soportar a alguien incapaz de honrar su propia firma.
Faltarnos al respeto es un lujo inaceptable.
Das descuentos por capricho.
Doblas las políticas de cobro por un berrinche.
Ignoras las firmas por simples cambios de humor.
Ahí tienes la receta perfecta para un negocio miserable.
El crecimiento exige institucionalidad.
Romper nuestras propias reglas sabotea la operación. Y peor, traiciona a los clientes que leyeron, entendieron y decidieron jugar limpio con nosotros.
Esos que nunca pensaron "si armo un circo, seguro me sale más barato".
Jamás entenderé a quienes creen brillante la idea de exprimir al proveedor.
A todos nos conviene que quienes soportan nuestro negocio sean rentables, estables y encantados con nuestra cuenta.
Negocia duro.
Pero defiende a capa y espada los acuerdos logrados.
De manera formal te digo: con informales no trabajamos.
#TuMásSalvajeAmbición
Pasaron un par de días y soltó la bomba: "siempre no, quiero pagar de otra forma".
Ok. Propusimos un ajuste del cinco por ciento en el precio final. Así cubríamos la complejidad operativa de su nuevo capricho.
Aceptó. Firmamos un segundo contrato y avanzamos.
Hasta que pasaron otros dos días.
"Siempre no, quiero mi nueva forma de pago pero sin costo extra".
Fin de la conversación.
Explicamos los motivos para rechazar sus nuevas condiciones.
Decidió cancelar.
Tres meses de prospección y dos contratos a la basura.
Sería el tercer cliente más grande en nuestra cartera.
Tentador. Mucho.
Pero la decisión fue clara.
Preferimos soltar ese trato antes que soportar a alguien incapaz de honrar su propia firma.
Faltarnos al respeto es un lujo inaceptable.
Das descuentos por capricho.
Doblas las políticas de cobro por un berrinche.
Ignoras las firmas por simples cambios de humor.
Ahí tienes la receta perfecta para un negocio miserable.
El crecimiento exige institucionalidad.
Romper nuestras propias reglas sabotea la operación. Y peor, traiciona a los clientes que leyeron, entendieron y decidieron jugar limpio con nosotros.
Esos que nunca pensaron "si armo un circo, seguro me sale más barato".
Jamás entenderé a quienes creen brillante la idea de exprimir al proveedor.
A todos nos conviene que quienes soportan nuestro negocio sean rentables, estables y encantados con nuestra cuenta.
Negocia duro.
Pero defiende a capa y espada los acuerdos logrados.
De manera formal te digo: con informales no trabajamos.
#TuMásSalvajeAmbición