TU EGO NO TE DEJA SER ESPONTÁNEO

jrobertosastre

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24 Feb 2026
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Como una dictadura autoritaria, el ego nos gobierna… pero solo cuando le cedemos el poder.

En esencia, el ego surge como un sistema de supervivencia. Es una herramienta que la mente desarrolla para adaptarse al entorno social y construir una idea de quién somos. A través de él, buscamos pertenecer, sentirnos seguros y crear una autoestima basada en la identificación.

El problema es que ese camino, aunque fácil, resulta costoso.

El ego crea una identidad, un punto de referencia desde el cual medimos nuestra valía. Nos dice quién somos, qué representamos y cuánto valemos… pero siempre bajo una condición: que eso pueda ser comprobado, validado o reconocido por algo externo.

Y ahí es donde se vuelve superficial.

Porque aquello que realmente es, no necesita ser aprobado por nada ni por nadie.

El verdadero trabajo no es eliminar el ego, sino dejar de obedecerlo.

Es incómodo, sí.
Implica detenerse, observarlo y no reaccionar automáticamente.
Implica desarrollar carácter y construir una autoestima que no dependa de la validación externa.

Aquí cobra sentido la fórmula del autoconcepto propuesta por Brian Tracy:

Ideal propio + autoimagen = autoestima

Sin embargo, esa ecuación solo se vuelve sólida cuando ambas partes nacen desde el interior y no desde la comparación o la aprobación externa.

Porque en el momento en que algo externo define tu valor, el ego vuelve a tomar el control… ofreciéndote un atajo disfrazado de seguridad.

Y entonces aparece la gran ilusión:

Creer que necesitamos demostrar algo para ser suficientes.

Pero cuando esa identificación se debilita, algo cambia profundamente.

Sin ego dominante, el miedo no tiene cabida:
  • miedo al fracaso
  • miedo al juicio
  • miedo a equivocarse
Porque ya no hay nada que probar.

Solo queda ser.

Y en ese espacio, aparece una libertad poco común:
la libertad de actuar sin la carga constante de validación, de equivocarte sin que tu identidad colapse, de ser espontáneo sin miedo a perder una imagen.

Ahí es donde el “¿qué pasaría si…?” deja de ser una amenaza…
y se convierte en una posibilidad real.

Porque al final, no se trata de demostrarle algo al mundo.

Se trata de dejar de actuar… y empezar a ser auténtico y espontáneo.
 
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