Jorge Cáceres
Funcionario
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- 26 Feb 2026
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- Trofeos
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Ese día, el éxito casi me mata. Literalmente.
Estaba solo, la presión golpeó mi pecho y empecé a desangrarme por la nariz sin control. No sentí nada, estaba dormido. Eran las 04:00 AM y lo único que me salvó la vida fue alcanzar a decir: “Oye Siri, llama a…”.
Si ese día me hubiera ido, habría sido un "éxito" para el mundo, pero un fracaso para mí.
Mis padres estaban llenos de orgullo; me veían ganar premios de innovación y tecnología. Lo que no sabían es que, detrás de esos trofeos, yo no llegaba a fin de mes. Durante 6 meses, mi menú diario fue pasta, arroz y, si quería un lujo, un vaso de agua…
Hola a todos. Soy Jorge Cáceres, fundador de Kiby, un ERP español.
Normalmente, quien se presenta en foros como este habla de facturaciones, rondas de inversión o lo bien que le va.
Yo vengo a contaros el precio que pagué por intentar llegar a eso en mi primer año de emprendimiento.
Coge un café o una cerveza y te invito a leer con tranquilidad mi historia. Quiero contarte de dónde vengo y sobre qué va “En tierra de gigantes”.
La humillación que lo cambió todo
Todo empezó a mis 21 años. Me encantaba programar, darle vida a los proyectos que estaban en mi cabeza. Vivía solo en Almería, manteniéndome con una beca y algo de dinero que me pasaban mis padres desde Extremadura. Pero siempre fui ambicioso. Quería ganar mi dinero, crecer en una empresa y llegar alto.
Cuando fui a mi primera entrevista seria, me rechazaron por no ver bien. Tengo Retinosis pigmentaria (se mueren las células de la retina). Pero joder, entonces veía muy bien. Solo se notaba si me veías trabajando, porque me acercaba a la pantalla.
Sus palabras textuales, tras 40 minutos de entrevista donde todo iba rodado, fueron: “Entonces no sé qué puedes aportarme aquí, si no ves bien”.
Esa humillación fue mi motor. Salí, llamé a mis padres cabreado, busqué en Google “Darme de alta como autónomo” y lo hice sin tener ni idea de qué era una empresa. Solo quería demostrarle al mundo que podía hacer cosas grandes. Y las hice. Pero aprendí la lección más dura: el éxito que nos venden es mentira.
Ahí cometí el error que a todo emprendedor le salta en la cara: centrarse en lo que quieres tú, no en lo que necesita el cliente.
Monté Technow, empresa de auditoría, pero terminé haciendo webs por 500 €. Una tremenda cagada. Perdí el foco a un nivel espantoso por las ganas de ingresar dinero. Ese no era el camino. Contraté a mis primeros trabajadores y aquello fue una jodida montaña rusa. Unos meses dábamos para sobrevivir, otros sobraba algo, y otros no cubríamos costes.
Pero oye, durante ese primer año nos empezaron a dar premios de forma increíble: a la innovación, impacto social, emprendimiento... Teníamos una vitrina de trofeos cogiendo polvo. Pero la cuenta bancaria agonizaba, igual que mi salud, sin que yo me diese cuenta.
Fue un año intenso. Visto desde fuera parecía que nos forrábamos, pero por dentro me sentía un fraude. Mis padres me llamaban orgullosos de su hijo. Era tanta esa admiración que me transmitían, que se convirtió en una barrera para contarles la realidad. Cada vez que veía su nombre en la pantalla al llamarme, se me encogía el corazón. En mi cabeza no existía la opción de defraudarles.
El suspiro de aire fresco (y la mano de la muerte)
Llegó septiembre. Un viernes llegué a mi piso sintiéndome como si flotara. Esa sensación de cuando llevas unas cervezas de más, pero sin haber bebido. Me hice la cena pensando que necesitaba alimentarme, vi la tele un rato y me fui a dormir.
A las 04:00 AM me desperté con el torso lleno de sangre que brotaba de mi nariz. Se me había reventado una vena y prácticamente me desangraba. No sé cuánto tiempo llevaba así. Era una sensación muy extraña: entre relajación absoluta y un miedo atroz. Ahí estaba la mano de la muerte acariciándome, mientras las gotas de sangre me hacían cosquillas al deslizarse por mi cara y torso.
Te soy sincero: sentía tanta paz y adormilamiento que pensé en seguir durmiendo. Pero algo dentro de mí despertó el instinto de supervivencia. Nunca sabes dónde están tus límites hasta que estás en una situación extrema.
Bendito “Oye Siri llama a…”. Conseguí contactar con un amigo. Escuchar los tonos de llamada se sintió como horas. Solo pensaba: por favor, cógelo. Cuando dejó de sonar el tono, fue un suspiro de aire fresco. Apenas le oía. Solo tuve fuerzas para decirle que me estaba desangrando y que viniese a por mí.
Me arrastré por el pasillo, abrí la puerta del piso milagrosamente y no recuerdo nada más tras ver a mi amigo. La adrenalina se me acabó ahí.
Desperté en el hospital y no veía bien. Solo recuerdo las palabras del médico: “Chaval, estás aquí de milagro. Tienes un cuerpo de hierro”. Y su segunda frase: “Has perdido el 80% de la visión”.
Fue una pesadilla para un chico de 22 años con ganas de comerse el mundo. Al volver a mi piso, tuve un dilema: o llamaba a mis padres para contar la verdad (decepcionándoles a nivel dios), o le echaba huevos en un último intento.
Elegí la segunda. Soy cabezón. Esta etapa me hizo reflexionar muchísimo y vi todos los fallos claramente: no tenía foco, hacía webs a precio ridículo a personas que no eran mis clientes. Estaba bien tener ideas, pero había que plasmarlas en cosas rentables. Entendí los niveles de consciencia del cliente: alguien que solo quiere hacer pan no va a pagar una estrategia digital avanzada.
Buscando entender esto, me topé con la PNL y la Sinergología. Fue un antes y un después. Conocí el arte de las palabras y el lenguaje no verbal para entender el porqué de ciertas situaciones, y empecé un nuevo camino.
Y ya no fui solo. Llegó a mi vida mi perro guía, Korby, un labrador negro espectacular (dejo imagen en el hilo).
Empezaron los grandes cambios. Modifiqué Technow entera. Empecé a saltarme a las secretarias de grandes corporaciones enviando cartas certificadas. Una estrategia acojonante de la que ya os hablaré. Todos ahí fuera están obsesionados con los canales digitales y están más ciegos que yo.
Empecé a captar a mis clientes reales y saboreé el éxito. Levanté Technow y monté Adviser Cloud. Supe escalarlas y llegué a tener 6 empresas en paralelo. Al final, me quedé con esas dos; el resto las vendí o cerré.
El choque de frente contra los gigantes
Para gestionar mis empresas busqué herramientas que me dieran control. Probé de todo. Unos ERPs eran tan caros que solo los pagaba una multinacional; otros tan baratos que no servían de nada. Otros tenían buena pinta, pero a la mínima que instalabas módulos terminabas pagando más de 150 €/mes.
Busqué un CRM para la parte comercial. Te la cubren todos, pero se olvidan de la gestión interna. Mucho captar, pero poco gestionar. Y los soportes técnicos eran de risa. Tenía que usar 3 o 4 programas para cubrir todo y, cuando tenía un problema real, nadie cogía el teléfono. Eras un ticket más en una lista o te contestaba un bot pasándote enlaces de un blog. Como hablar con una pared. Ridículo.
Me di cuenta de que el software de gestión está hecho por gente que nunca ha sentido la soledad de un autónomo un domingo por la noche. Están creados para captar inversión y vender a un gran gigante. Es un sector muy gris. Por eso estoy aquí escribiéndote.
Un software con alma para gente real
Hoy, en 2026, he decidido que mi siguiente capítulo es volcar todo lo que aprendí en el suelo de aquel piso desangrándome, y peleándome en salas de juntas, en un solo lugar: Kiby ERP.
Kiby es 100% español, no por patriotismo barato, sino porque entendemos el IVA, el recargo de equivalencia y a las pymes de aquí. No lo he creado para captar rondas de inversión y desaparecer, sino para que, cuando tengas un problema, te atienda una persona humana. Kiby no nació para ser el más grande del mundo, nació para ser el más honesto.
Aquí no hay inversores que nos obliguen a subirte el precio de un día para otro para cuadrar sus balances. Aquí solo estamos nosotros y tú. Kiby es el software que yo habría necesitado cuando comía arroz y pasta. El ERP para crecer, el CRM para expandirme, y el SAT para que me atendiera alguien humano.
El mercado está inundado de ERPs grises. Diseñados por ingenieros que nunca han levantado un cierre metálico, financiados por inversores que solo miran gráficas en Londres. Nos venden IA y nubes perfectas, pero olvidan que tu negocio es real. Si tienes una duda, no quieres hablar con un algoritmo; quieres una persona que te entienda.
Esto no es lo normal, pero nos permite dormir tranquilos. Está hecho por alguien que sabe lo que es que te rechacen, no llegar a fin de mes y jugársela. Sé lo que agobia que algo falle y necesites resolverlo ya.
He creado una sección llamada “En tierra de gigantes”. No es un blog de marketing; es el diario real de cómo una pequeña startup española planta cara a los intocables.
Creen que invirtiendo 100.000 €/mes en publicidad ya está hecho. La realidad es otra: las pymes necesitan ser escuchadas, un buen programa y soporte humano. ¿No me crees? Mira las reseñas de los gigantes.
Te invito a ser parte de la historia. Prueba Kiby 14 días gratis y mira si te hace la vida más fácil. Sin meter tarjeta.
O sigue nuestra historia aquí: https://gokiby.com/en-tierra-de-gigantes/
P.D. Si estás cenando un vaso de agua por tu sueño: este es tu sitio.
P.D.2: Perdí vista por el camino. Ahora quiero darte una nueva visión En tierra de gigantes.
Estaba solo, la presión golpeó mi pecho y empecé a desangrarme por la nariz sin control. No sentí nada, estaba dormido. Eran las 04:00 AM y lo único que me salvó la vida fue alcanzar a decir: “Oye Siri, llama a…”.
Si ese día me hubiera ido, habría sido un "éxito" para el mundo, pero un fracaso para mí.
Mis padres estaban llenos de orgullo; me veían ganar premios de innovación y tecnología. Lo que no sabían es que, detrás de esos trofeos, yo no llegaba a fin de mes. Durante 6 meses, mi menú diario fue pasta, arroz y, si quería un lujo, un vaso de agua…
Hola a todos. Soy Jorge Cáceres, fundador de Kiby, un ERP español.
Normalmente, quien se presenta en foros como este habla de facturaciones, rondas de inversión o lo bien que le va.
Yo vengo a contaros el precio que pagué por intentar llegar a eso en mi primer año de emprendimiento.
Coge un café o una cerveza y te invito a leer con tranquilidad mi historia. Quiero contarte de dónde vengo y sobre qué va “En tierra de gigantes”.
La humillación que lo cambió todo
Todo empezó a mis 21 años. Me encantaba programar, darle vida a los proyectos que estaban en mi cabeza. Vivía solo en Almería, manteniéndome con una beca y algo de dinero que me pasaban mis padres desde Extremadura. Pero siempre fui ambicioso. Quería ganar mi dinero, crecer en una empresa y llegar alto.
Cuando fui a mi primera entrevista seria, me rechazaron por no ver bien. Tengo Retinosis pigmentaria (se mueren las células de la retina). Pero joder, entonces veía muy bien. Solo se notaba si me veías trabajando, porque me acercaba a la pantalla.
Sus palabras textuales, tras 40 minutos de entrevista donde todo iba rodado, fueron: “Entonces no sé qué puedes aportarme aquí, si no ves bien”.
Esa humillación fue mi motor. Salí, llamé a mis padres cabreado, busqué en Google “Darme de alta como autónomo” y lo hice sin tener ni idea de qué era una empresa. Solo quería demostrarle al mundo que podía hacer cosas grandes. Y las hice. Pero aprendí la lección más dura: el éxito que nos venden es mentira.
Ahí cometí el error que a todo emprendedor le salta en la cara: centrarse en lo que quieres tú, no en lo que necesita el cliente.
Monté Technow, empresa de auditoría, pero terminé haciendo webs por 500 €. Una tremenda cagada. Perdí el foco a un nivel espantoso por las ganas de ingresar dinero. Ese no era el camino. Contraté a mis primeros trabajadores y aquello fue una jodida montaña rusa. Unos meses dábamos para sobrevivir, otros sobraba algo, y otros no cubríamos costes.
Pero oye, durante ese primer año nos empezaron a dar premios de forma increíble: a la innovación, impacto social, emprendimiento... Teníamos una vitrina de trofeos cogiendo polvo. Pero la cuenta bancaria agonizaba, igual que mi salud, sin que yo me diese cuenta.
Fue un año intenso. Visto desde fuera parecía que nos forrábamos, pero por dentro me sentía un fraude. Mis padres me llamaban orgullosos de su hijo. Era tanta esa admiración que me transmitían, que se convirtió en una barrera para contarles la realidad. Cada vez que veía su nombre en la pantalla al llamarme, se me encogía el corazón. En mi cabeza no existía la opción de defraudarles.
El suspiro de aire fresco (y la mano de la muerte)
Llegó septiembre. Un viernes llegué a mi piso sintiéndome como si flotara. Esa sensación de cuando llevas unas cervezas de más, pero sin haber bebido. Me hice la cena pensando que necesitaba alimentarme, vi la tele un rato y me fui a dormir.
A las 04:00 AM me desperté con el torso lleno de sangre que brotaba de mi nariz. Se me había reventado una vena y prácticamente me desangraba. No sé cuánto tiempo llevaba así. Era una sensación muy extraña: entre relajación absoluta y un miedo atroz. Ahí estaba la mano de la muerte acariciándome, mientras las gotas de sangre me hacían cosquillas al deslizarse por mi cara y torso.
Te soy sincero: sentía tanta paz y adormilamiento que pensé en seguir durmiendo. Pero algo dentro de mí despertó el instinto de supervivencia. Nunca sabes dónde están tus límites hasta que estás en una situación extrema.
Bendito “Oye Siri llama a…”. Conseguí contactar con un amigo. Escuchar los tonos de llamada se sintió como horas. Solo pensaba: por favor, cógelo. Cuando dejó de sonar el tono, fue un suspiro de aire fresco. Apenas le oía. Solo tuve fuerzas para decirle que me estaba desangrando y que viniese a por mí.
Me arrastré por el pasillo, abrí la puerta del piso milagrosamente y no recuerdo nada más tras ver a mi amigo. La adrenalina se me acabó ahí.
Desperté en el hospital y no veía bien. Solo recuerdo las palabras del médico: “Chaval, estás aquí de milagro. Tienes un cuerpo de hierro”. Y su segunda frase: “Has perdido el 80% de la visión”.
Fue una pesadilla para un chico de 22 años con ganas de comerse el mundo. Al volver a mi piso, tuve un dilema: o llamaba a mis padres para contar la verdad (decepcionándoles a nivel dios), o le echaba huevos en un último intento.
Elegí la segunda. Soy cabezón. Esta etapa me hizo reflexionar muchísimo y vi todos los fallos claramente: no tenía foco, hacía webs a precio ridículo a personas que no eran mis clientes. Estaba bien tener ideas, pero había que plasmarlas en cosas rentables. Entendí los niveles de consciencia del cliente: alguien que solo quiere hacer pan no va a pagar una estrategia digital avanzada.
Buscando entender esto, me topé con la PNL y la Sinergología. Fue un antes y un después. Conocí el arte de las palabras y el lenguaje no verbal para entender el porqué de ciertas situaciones, y empecé un nuevo camino.
Y ya no fui solo. Llegó a mi vida mi perro guía, Korby, un labrador negro espectacular (dejo imagen en el hilo).
Empezaron los grandes cambios. Modifiqué Technow entera. Empecé a saltarme a las secretarias de grandes corporaciones enviando cartas certificadas. Una estrategia acojonante de la que ya os hablaré. Todos ahí fuera están obsesionados con los canales digitales y están más ciegos que yo.
Empecé a captar a mis clientes reales y saboreé el éxito. Levanté Technow y monté Adviser Cloud. Supe escalarlas y llegué a tener 6 empresas en paralelo. Al final, me quedé con esas dos; el resto las vendí o cerré.
El choque de frente contra los gigantes
Para gestionar mis empresas busqué herramientas que me dieran control. Probé de todo. Unos ERPs eran tan caros que solo los pagaba una multinacional; otros tan baratos que no servían de nada. Otros tenían buena pinta, pero a la mínima que instalabas módulos terminabas pagando más de 150 €/mes.
Busqué un CRM para la parte comercial. Te la cubren todos, pero se olvidan de la gestión interna. Mucho captar, pero poco gestionar. Y los soportes técnicos eran de risa. Tenía que usar 3 o 4 programas para cubrir todo y, cuando tenía un problema real, nadie cogía el teléfono. Eras un ticket más en una lista o te contestaba un bot pasándote enlaces de un blog. Como hablar con una pared. Ridículo.
Me di cuenta de que el software de gestión está hecho por gente que nunca ha sentido la soledad de un autónomo un domingo por la noche. Están creados para captar inversión y vender a un gran gigante. Es un sector muy gris. Por eso estoy aquí escribiéndote.
Un software con alma para gente real
Hoy, en 2026, he decidido que mi siguiente capítulo es volcar todo lo que aprendí en el suelo de aquel piso desangrándome, y peleándome en salas de juntas, en un solo lugar: Kiby ERP.
Kiby es 100% español, no por patriotismo barato, sino porque entendemos el IVA, el recargo de equivalencia y a las pymes de aquí. No lo he creado para captar rondas de inversión y desaparecer, sino para que, cuando tengas un problema, te atienda una persona humana. Kiby no nació para ser el más grande del mundo, nació para ser el más honesto.
Aquí no hay inversores que nos obliguen a subirte el precio de un día para otro para cuadrar sus balances. Aquí solo estamos nosotros y tú. Kiby es el software que yo habría necesitado cuando comía arroz y pasta. El ERP para crecer, el CRM para expandirme, y el SAT para que me atendiera alguien humano.
El mercado está inundado de ERPs grises. Diseñados por ingenieros que nunca han levantado un cierre metálico, financiados por inversores que solo miran gráficas en Londres. Nos venden IA y nubes perfectas, pero olvidan que tu negocio es real. Si tienes una duda, no quieres hablar con un algoritmo; quieres una persona que te entienda.
Esto no es lo normal, pero nos permite dormir tranquilos. Está hecho por alguien que sabe lo que es que te rechacen, no llegar a fin de mes y jugársela. Sé lo que agobia que algo falle y necesites resolverlo ya.
He creado una sección llamada “En tierra de gigantes”. No es un blog de marketing; es el diario real de cómo una pequeña startup española planta cara a los intocables.
Creen que invirtiendo 100.000 €/mes en publicidad ya está hecho. La realidad es otra: las pymes necesitan ser escuchadas, un buen programa y soporte humano. ¿No me crees? Mira las reseñas de los gigantes.
Te invito a ser parte de la historia. Prueba Kiby 14 días gratis y mira si te hace la vida más fácil. Sin meter tarjeta.
O sigue nuestra historia aquí: https://gokiby.com/en-tierra-de-gigantes/
P.D. Si estás cenando un vaso de agua por tu sueño: este es tu sitio.
P.D.2: Perdí vista por el camino. Ahora quiero darte una nueva visión En tierra de gigantes.