Cesar, super interesante lo que dices. Te paso algo que escribi hace un tiempo. Cada vez se escucha más esta frase:
“Siento que todavía no soy mi mejor versión.”
Vivimos en una época donde la idea de “ser tu mejor versión” se ha convertido casi en un mandato. Aparece en conferencias motivacionales, en libros de desarrollo personal, en redes sociales y en muchas conversaciones cotidianas.
En principio parece un mensaje positivo. ¿Quién no quiere crecer, aprender o vivir con más plenitud?
Sin embargo, cuando uno escucha con atención lo que muchas personas están viviendo hoy, aparece otra cara de esta idea. Una cara más silenciosa, pero muy presente: la sensación constante de no estar nunca del todo a la altura de lo que uno debería ser.
Poco a poco se instala la impresión de que siempre falta algo.
Deberíamos ser más productivos, más equilibrados, más conscientes, más saludables, más exitosos.
Y sin darnos cuenta, la vida comienza a sentirse como un proyecto de mejora permanente.
En consulta escucho con frecuencia frases como:
“Debería estar aprovechando mejor mi tiempo.”
“Debería estar más avanzada en mi vida.”
“Sé que todavía puedo trabajar más en mí.”
Lo interesante es que muchas de estas personas ya han trabajado mucho en sí mismas. Han leído, han hecho terapia, han tomado cursos, han intentado cambiar hábitos. Y aun así sienten que todavía no es suficiente.
Tal vez el problema no esté en el deseo de crecer.
El problema aparece cuando el crecimiento deja de ser una búsqueda natural y se convierte en una exigencia constante.
Desde una mirada psicológica profunda, la identidad humana no funciona como un producto que se optimiza hasta alcanzar su versión ideal. La identidad se va desplegando con el tiempo: con avances, con retrocesos, con momentos de claridad y también con etapas de confusión.
Carl Jung hablaba del proceso de individuación como un camino que dura toda la vida. No se trata de convertirse en una versión perfecta de uno mismo, sino de integrar las distintas partes que nos habitan: las luminosas, pero también aquellas que preferiríamos no ver.
Quizá la verdadera pregunta no sea cómo convertirnos en nuestra mejor versión.
Tal vez la pregunta sea otra:
¿cómo aprender a vivir con más honestidad las distintas versiones que aparecen a lo largo de la vida?
Porque la identidad humana no es una meta que se alcanza.
Es un proceso que se despliega.
Y muchas veces ese proceso comienza justamente cuando dejamos de intentar ser mejores todo el tiempo.
Si te interesa profundizar, el artículo completo está en mi blog y también lo comparto semanalmente a través de mi newsletter.
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