Caperucita Lasaña Rossa versus Lobo Sopita Feroz

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Que hubiera pasado si cierto italo-argentino le da por escribir un cuento

Algo así:


Ciao ragazzi.

Si tú ve por el bosque con una capucha rrossa, una cesta y la cabeza llena de mariposas de mozzarella, poi no me venga a llorare.

Che había una volta la Caperucita Rossa.

Rossa como la passione.
Rossa como la vergüenza cuando te avisan seis volte y tú nada, avanti con la tontería.
Rossa como un Ferrari con salsa di tomate.

La mamma le dice:
“Te vai a portare questa cesta a la nonna, ma via via via, directa, sin hacer la scema por el bosque, capito o no capito?”.

Ma la Caperucita Rossa va y va y va y va por el bosque como una turista en Napoli.

Mira el arbolito.
Mira la florecita.
Mira el pajarito.
Madonna benedetta, faltaba solo un selfino con un ciervo.


Aparece el Lobo Sopita Feroz.

Feroz mio coglione.

Mucho dientecito.
Mucho ojito de canallino.
Mucho “buongiorrrno, bambina”.

Ma dentro, sopita tibia.
“Dove vai, caperucitina bella, con esa cestita del diavolo?”

La Caperucita Rossa que todavía no había hecho el máster en cerrar la bocca delante de un desconocido con colmillos, le suelta tutto il programma:

La casa de la nonna.
El camino.
La cesta.
La ruta.
Le dibuja un mapa con leyenda, coordenadas y colorato.

Ahora bien, o mal, depende.

Aquí Caperucita estuvo más sopita que lasaña, te lo digo con dolore.

Entonces el lobo hizo lo que haría cualquier stronzo con hambre: se fue por el atajo, arriva primo a casa de la nonna, (y segundo...Sinner), se la zampa, se pone el camisón y se tumba en la cama con una pinta entre trans de resaca y fantasma de la pacha-mama-ciber-frenética.

Caperucita arriva. Mira. Duda. Traga saliva. 100% lasaña

“Ma nonna… qué ojos más grandes”.
“Per guardarte megghio”.

“Ma nonna… qué orejas más grandes”.
“Per sentirte megliorissimo”.

“Ma nonna… qué dientes más grandes”.
“Per mangiarte, estupida”.

Y lì finito el teatro.

Arrivo el cazador, hace patatuff, abre el lobo sopita y se arregla la giornata.

Moraleja: si tu mamma te dice via directa, tú via directa.
Si no, acabas hablando con un lobo disfrazado de nonna, que es una cosa muy fea para un martes.


Japi dei
 
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