jtravera
Becario
- Desde
- 6 Ago 2025
- Mensajes
- 19
- Trofeos
- 0
Subestimé el fenómeno y casi me quedo sin entradas ni dignidad.
¿Y que tiene que ver esto conmigo?
Todo.
A las 14:53 del viernes ya lo había dado todo por perdido y era la preventa.
Cuatro pestañas abiertas
Dos ordenadores
Mi mujer a mi lado
Y una promesa que empezaba a romperse.
A las dos en punto abrieron la cola y nos colocaron directamente en las posiciones siete mil, treinta y dos mil, veinticinco mil y cuarenta y tres mil (mas o menos).
Ahí supe que esto no iba demasiado bien.
No sabía qué día estaba intentando comprar, si viernes o sábado, si aquello era VIP o general, si estaba a punto de gastarme quinientos euros o noventa, solo sabía que tenía delante a decenas de miles de personas y que cada segundo que pasaba esa promesa se hacía más pequeña.
Era lo único que nos habían pedido.
Yo estaba convencido de que lo conseguiría, tan convencido que ni siquiera contemplé la posibilidad de fallar hasta que empecé a ver desaparecer sectores enteros delante de mis ojos y por primera vez pensé en la cara que pondría mi hija si no lo lograba.
No podía imaginármelas.
Hacía clic y el sistema decía que ese asiento ya no estaba disponible, hacía otro clic y me avisaba de que no podía dejar uno suelto, hacía otro y alguien había sido más rápido que yo.
Las VIP se agotaron sin dar opción a nada, las buenas volaron y lo único que quedaba era irte al quinto coño a las gradas y dar gracias.
Y ahí estaba yo, el mismo que semanas antes había pensado que todo esto estaba inflado, que era marketing, escasez artificial, exageración adolescente, que esto no sería como Taylor Swift y que aquí había mucho cuento
Todo empezó mucho antes, cuando todavía me creía más listo que Corea.
Tengo hijas pre y adolescentes y si tienes sabes perfectamente de lo que hablo, llevan años con BTS y luego vino todo el K-pop, coreografías, canciones, historias, grupos nuevos cada mes y el mismo mantra constante en casa diciendo que era imposible conseguir entradas, que se agotaban en minutos y que era una locura.
Yo asentía pero por dentro pensaba otra cosa, pensaba que era hype, que era marketing bien hecho, que no mucha gente se gastaría quinientos euros en una entrada y que todo aquello estaba un poco sobredimensionado.
Así que cuando me hablaron de hacerte socio de pago para poder acceder a la preventa, de registrarte en la ciudad sí o sí como paso imprescindible y de cumplir una serie de requisitos como si fuera una oposición pensé vale, juego, pero esto está exagerado.
Llegó el viernes a las dos de la tarde y mi mujer y yo estábamos cada uno con un ordenador y otro por si acaso, cuatro colas abiertas, dos conciertos, cuatro posibilidades y en cuanto te toca el caos, no es solo esperar, es sentir que cualquier error te deja fuera, que alguien en algún lugar del mundo está haciendo clic medio segundo antes que tú y se lleva justo lo que tú querías.
Ahí fue cuando entendí algo incómodo, que esto no iba de música,
Corea y el K-pop no venden canciones, venden ritual, identidad, historia y comunidad, venden la sensación de que si no estás dentro te lo estás perdiendo y no porque te lo digan sino porque lo sientes.
Mis hijas no querían ir a un concierto, querían formar parte de algo que ya existía antes que ellas y lo más brutal es que yo también caí, no por las canciones sino por la experiencia, por el proceso, por la tensión, por esa sensación constante de ahora o nunca.
Mientras veía desaparecer asientos empecé a pensar en mi mundo, en los negocios físicos, en la persiana que se sube cada mañana y me di cuenta de algo bastante jodido, que la mayoría de negocios no tienen colas no porque sean malos sino porque no significan nada más allá de lo que venden, venden producto, venden precio, venden a ver si entra alguien.
Corea no hace eso, Corea elige, Corea entrena, Corea crea fans antes que clientes y no improvisa nada aunque desde fuera lo parezca.
Lo que más me cuesta admitir es que subestimé el fenómeno porque lo miré desde fuera, como miramos muchas veces a nuestros clientes, a nuestra comunidad o a nuestro propio barrio pensando que exageran, que no es para tanto, que nadie pagaría eso hasta que alguien lo paga y lo hace encantado.
Ayer mismo volví a intentar conseguir entradas en la venta general y el resultado ha sido cero, ni una, nada de nada y aquí estoy escribiendo esto enganchado a algo que juré que era humo.
Si tienes un negocio físico esto va contigo, no necesitas vender música coreana ni montar conciertos pero quizá sí necesitas preguntarte si la gente entra en tu negocio o pertenece, si te eligen o te comparan, si te recuerdan o te sustituyen, porque Corea no gana por casualidad, gana porque entendió algo muy viejo,
Yo lo subestimé, mis hijas no y ahora ya es tarde para mirar todo esto por encima del hombro.
Antes de cerrar te cuento algo más y con esto sí termino, este texto lo he publicado en EstoCrece de forma exclusiva y este mismo post será el correo de esta semana, no porque sea especial sino porque hay cosas que no se escriben dos veces igual.
Ya estoy trabajando en la segunda parte porque cuanto más pienso en todo esto más claro veo que da para mucho más, ahí quiero bajarlo todavía más a tierra, con ejemplos reales, sencillos, de los que te hacen pensar que esto lo podrías probar en tu negocio sin complicarte la vida. La publicaré solo por correo.
Si estás dentro seguimos.
Si no, no pasa nada.
La historia continúa
¿Y que tiene que ver esto conmigo?
Todo.
A las 14:53 del viernes ya lo había dado todo por perdido y era la preventa.
Cuatro pestañas abiertas
Dos ordenadores
Mi mujer a mi lado
Y una promesa que empezaba a romperse.
A las dos en punto abrieron la cola y nos colocaron directamente en las posiciones siete mil, treinta y dos mil, veinticinco mil y cuarenta y tres mil (mas o menos).
Ahí supe que esto no iba demasiado bien.
No sabía qué día estaba intentando comprar, si viernes o sábado, si aquello era VIP o general, si estaba a punto de gastarme quinientos euros o noventa, solo sabía que tenía delante a decenas de miles de personas y que cada segundo que pasaba esa promesa se hacía más pequeña.
Era lo único que nos habían pedido.
Yo estaba convencido de que lo conseguiría, tan convencido que ni siquiera contemplé la posibilidad de fallar hasta que empecé a ver desaparecer sectores enteros delante de mis ojos y por primera vez pensé en la cara que pondría mi hija si no lo lograba.
No podía imaginármelas.
Hacía clic y el sistema decía que ese asiento ya no estaba disponible, hacía otro clic y me avisaba de que no podía dejar uno suelto, hacía otro y alguien había sido más rápido que yo.
Las VIP se agotaron sin dar opción a nada, las buenas volaron y lo único que quedaba era irte al quinto coño a las gradas y dar gracias.
Y ahí estaba yo, el mismo que semanas antes había pensado que todo esto estaba inflado, que era marketing, escasez artificial, exageración adolescente, que esto no sería como Taylor Swift y que aquí había mucho cuento
Spoiler, me equivoqué
Todo empezó mucho antes, cuando todavía me creía más listo que Corea.
Tengo hijas pre y adolescentes y si tienes sabes perfectamente de lo que hablo, llevan años con BTS y luego vino todo el K-pop, coreografías, canciones, historias, grupos nuevos cada mes y el mismo mantra constante en casa diciendo que era imposible conseguir entradas, que se agotaban en minutos y que era una locura.
Yo asentía pero por dentro pensaba otra cosa, pensaba que era hype, que era marketing bien hecho, que no mucha gente se gastaría quinientos euros en una entrada y que todo aquello estaba un poco sobredimensionado.
Así que cuando me hablaron de hacerte socio de pago para poder acceder a la preventa, de registrarte en la ciudad sí o sí como paso imprescindible y de cumplir una serie de requisitos como si fuera una oposición pensé vale, juego, pero esto está exagerado.
No lo estaba
Llegó el viernes a las dos de la tarde y mi mujer y yo estábamos cada uno con un ordenador y otro por si acaso, cuatro colas abiertas, dos conciertos, cuatro posibilidades y en cuanto te toca el caos, no es solo esperar, es sentir que cualquier error te deja fuera, que alguien en algún lugar del mundo está haciendo clic medio segundo antes que tú y se lleva justo lo que tú querías.
Ahí fue cuando entendí algo incómodo, que esto no iba de música,
iba de pertenecer
Corea y el K-pop no venden canciones, venden ritual, identidad, historia y comunidad, venden la sensación de que si no estás dentro te lo estás perdiendo y no porque te lo digan sino porque lo sientes.
Mis hijas no querían ir a un concierto, querían formar parte de algo que ya existía antes que ellas y lo más brutal es que yo también caí, no por las canciones sino por la experiencia, por el proceso, por la tensión, por esa sensación constante de ahora o nunca.
Mientras veía desaparecer asientos empecé a pensar en mi mundo, en los negocios físicos, en la persiana que se sube cada mañana y me di cuenta de algo bastante jodido, que la mayoría de negocios no tienen colas no porque sean malos sino porque no significan nada más allá de lo que venden, venden producto, venden precio, venden a ver si entra alguien.
Corea no hace eso, Corea elige, Corea entrena, Corea crea fans antes que clientes y no improvisa nada aunque desde fuera lo parezca.
Lo que más me cuesta admitir es que subestimé el fenómeno porque lo miré desde fuera, como miramos muchas veces a nuestros clientes, a nuestra comunidad o a nuestro propio barrio pensando que exageran, que no es para tanto, que nadie pagaría eso hasta que alguien lo paga y lo hace encantado.
Ayer mismo volví a intentar conseguir entradas en la venta general y el resultado ha sido cero, ni una, nada de nada y aquí estoy escribiendo esto enganchado a algo que juré que era humo.
Si tienes un negocio físico esto va contigo, no necesitas vender música coreana ni montar conciertos pero quizá sí necesitas preguntarte si la gente entra en tu negocio o pertenece, si te eligen o te comparan, si te recuerdan o te sustituyen, porque Corea no gana por casualidad, gana porque entendió algo muy viejo,
que cuando no vendes cosas sino significado, el precio deja de ser la pregunta
Yo lo subestimé, mis hijas no y ahora ya es tarde para mirar todo esto por encima del hombro.
Antes de cerrar te cuento algo más y con esto sí termino, este texto lo he publicado en EstoCrece de forma exclusiva y este mismo post será el correo de esta semana, no porque sea especial sino porque hay cosas que no se escriben dos veces igual.
Ya estoy trabajando en la segunda parte porque cuanto más pienso en todo esto más claro veo que da para mucho más, ahí quiero bajarlo todavía más a tierra, con ejemplos reales, sencillos, de los que te hacen pensar que esto lo podrías probar en tu negocio sin complicarte la vida. La publicaré solo por correo.
Si estás dentro seguimos.
Si no, no pasa nada.
La historia continúa