SoyJCG
Currante
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La frustración llegó al límite. Redacté e imprimí mi currículum por primera vez en la vida.
Corría el año 2009.
A dos cuadras de la oficina operaba una universidad. El trayecto corto jugaba a mi favor.
Caminé con prisa, localicé el departamento de recursos humanos y solté mi discurso sin filtros ante la reclutadora:
— Lidero un equipo de setenta desarrolladores y manejamos más de veinte proyectos en simultáneo.
— Me asfixia la falta de talento y la incapacidad de expandirme.
— Ya no tengo margen para depurar candidatos. Me urge moldearlos y captarlos antes de que pisen la calle.
— ¡Deme un espacio con los grupos de último semestre de ingeniería! Pocos profesores tienen una década partiéndose el lomo en la trinchera.
Esperaba una mirada de complicidad. Una ovación de pie por la iniciativa.
Esa cara nunca llegó. De hecho, llevo diecisiete años esperando su llamada.
Quedó claro que mi perfil no encajaba en su molde académico tradicional. Mi carrera de catedrático quedó sepultada ahí mismo.
Me parece que las instituciones olvidan algo vital: la educación real ocurre en el campo de batalla, no en un pizarrón.
Ese rechazo me dejó una lección inmensa. Si el sistema no me daba un aula para formar talento, yo construiría la mía desde mi empresa.
#TuMásSalvajeAmbición
Corría el año 2009.
A dos cuadras de la oficina operaba una universidad. El trayecto corto jugaba a mi favor.
Caminé con prisa, localicé el departamento de recursos humanos y solté mi discurso sin filtros ante la reclutadora:
— Lidero un equipo de setenta desarrolladores y manejamos más de veinte proyectos en simultáneo.
— Me asfixia la falta de talento y la incapacidad de expandirme.
— Ya no tengo margen para depurar candidatos. Me urge moldearlos y captarlos antes de que pisen la calle.
— ¡Deme un espacio con los grupos de último semestre de ingeniería! Pocos profesores tienen una década partiéndose el lomo en la trinchera.
Esperaba una mirada de complicidad. Una ovación de pie por la iniciativa.
Esa cara nunca llegó. De hecho, llevo diecisiete años esperando su llamada.
Quedó claro que mi perfil no encajaba en su molde académico tradicional. Mi carrera de catedrático quedó sepultada ahí mismo.
Me parece que las instituciones olvidan algo vital: la educación real ocurre en el campo de batalla, no en un pizarrón.
Ese rechazo me dejó una lección inmensa. Si el sistema no me daba un aula para formar talento, yo construiría la mía desde mi empresa.
#TuMásSalvajeAmbición