ÓSCAR MODREGO
Funcionario
- Desde
- 25 Feb 2026
- Mensajes
- 2
- Trofeos
- 0
En mi primer mensaje en esta Comunidad, te quiero hablar de algo que suena muy radical, pero que en el fondo es lo más sencillo del mundo: es imposible no amarte, porque eres amor.
Sí, ya sé lo que estás pensando: “Pues yo no lo noto”.
Normal.
Si cada mañana es una batalla, si te levantas con un peso que no es de hoy, si vas a trabajar sintiendo que te has perdido por el camino, lo último que te cuadra es que tú seas amor.
Pero fíjate en esto.
No estás roto, ni defectuoso, ni “demasiado sensible”.
Lo que te pasa es otra cosa: estás en tierra de nadie.
Ya no eres la persona que encajaba en esa vida que antes te daba sentido… pero todavía no reconoces con claridad al que estás empezando a ser.
Es como vivir en una mudanza permanente:
El personaje que se esfuerza por agradar, por encajar, por no molestar.
El personaje que va al trabajo con el piloto automático puesto: “otra semana igual que la anterior”.
Vivir desde el personaje es esto:
Te distrajo de tu camino porque pensó que así ibas a estar a salvo: dentro de lo conocido, aunque no fuese tuyo.
Es imposible no amarte… porque lo que eres de verdad es amor.
No hablo de ñoñerías ni de frases de taza de desayuno.
Hablo de esto:
Eres tú.
Si hoy te rechazas, no es porque no seas digno de amor.
Es porque todavía no te has conocido.
Te juzgas desde la mirada del personaje, desde las reglas de un juego que ya no quieres jugar.
Si no te reconoces, todo será maquillaje.
El único propósito real de esta vida es éste: reconocerte.
Reconocer a ese yo profundo que no depende de tu currículum, ni de tus logros, ni de cuántas veces la has cagado.
Ese yo:
Amor en el sentido más amplio: presencia, conciencia, compasión, firmeza cuando hace falta, ternura cuando toca.
Te propongo algo mucho más simple y mucho más honesto:
Hoy, solo hoy, haz esto:
Pequeño, torpe, imperfecto. Pero real.
Ahí empieza todo: no en convertirte en alguien nuevo… sino en dejar de huir de quien ya eres.
Estás en transición, sí.
Duele, sí.
Pero no estás solo/a, y no estás roto/a.
Solo estás empezando a recordar algo que tu alma nunca olvidó: tú no vienes a ganarte el amor.
Vienes a reconocerte como lo que siempre has sido.
Sí, ya sé lo que estás pensando: “Pues yo no lo noto”.
Normal.
Si cada mañana es una batalla, si te levantas con un peso que no es de hoy, si vas a trabajar sintiendo que te has perdido por el camino, lo último que te cuadra es que tú seas amor.
Pero fíjate en esto.
No estás roto, estás en tránsito
No eres tú el problema.No estás roto, ni defectuoso, ni “demasiado sensible”.
Lo que te pasa es otra cosa: estás en tierra de nadie.
Ya no eres la persona que encajaba en esa vida que antes te daba sentido… pero todavía no reconoces con claridad al que estás empezando a ser.
Es como vivir en una mudanza permanente:
- Tu vida antigua ya no te sirve.
- Tu vida nueva aún no tiene muebles.
- Tú estás en medio, sentado en el suelo, preguntándote “¿y ahora qué?”.
El ego te contó una historia falsa
Durante años te vendieron una película:- “Vales lo que produces”.
- “Vales lo que los demás piensan de ti”.
- “Vales si cumples el papel que se espera de ti”.
El personaje que se esfuerza por agradar, por encajar, por no molestar.
El personaje que va al trabajo con el piloto automático puesto: “otra semana igual que la anterior”.
Vivir desde el personaje es esto:
- Reaccionar a lo que pasa, en lugar de elegir.
- Vivir con prisa, pero sin dirección.
- Sentirte vacío aunque “en teoría” no te falte nada.
Te distrajo de tu camino porque pensó que así ibas a estar a salvo: dentro de lo conocido, aunque no fuese tuyo.
Es imposible no amarte
Aquí viene el giro que cuesta creer:Es imposible no amarte… porque lo que eres de verdad es amor.
No hablo de ñoñerías ni de frases de taza de desayuno.
Hablo de esto:
- Cuando de verdad te escuchas.
- Cuando pones un límite sano y dices “hasta aquí”.
- Cuando te tratas con la misma compasión con la que cuidaste a otros.
Eres tú.
Si hoy te rechazas, no es porque no seas digno de amor.
Es porque todavía no te has conocido.
Te juzgas desde la mirada del personaje, desde las reglas de un juego que ya no quieres jugar.
El único propósito real: reconocerte
Puedes cambiar de trabajo, de ciudad, de pareja, de dieta, de horario…Si no te reconoces, todo será maquillaje.
El único propósito real de esta vida es éste: reconocerte.
Reconocer a ese yo profundo que no depende de tu currículum, ni de tus logros, ni de cuántas veces la has cagado.
Ese yo:
- No necesita demostrar nada.
- No te compara con nadie.
- No te habla a gritos, te susurra.
Amor en el sentido más amplio: presencia, conciencia, compasión, firmeza cuando hace falta, ternura cuando toca.
¿Por dónde empiezas?
No te voy a decir “ámate” y ya. Eso es cruel cuando uno está roto por dentro.Te propongo algo mucho más simple y mucho más honesto:
Hoy, solo hoy, haz esto:
- Date cinco minutos en silencio, sin móvil, sin ruido.
- Pregúntate: “¿Qué parte de mí estoy intentando esconder o corregir a toda costa?”.
- En lugar de atacarla, dile: “Te veo. No te entiendo del todo, pero no te voy a abandonar”.
Pequeño, torpe, imperfecto. Pero real.
Ahí empieza todo: no en convertirte en alguien nuevo… sino en dejar de huir de quien ya eres.
Estás en transición, sí.
Duele, sí.
Pero no estás solo/a, y no estás roto/a.
Solo estás empezando a recordar algo que tu alma nunca olvidó: tú no vienes a ganarte el amor.
Vienes a reconocerte como lo que siempre has sido.