Silviavaldes
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La mayoría de las personas cree que el problema al hablar en público es la falta de técnica, de estructura del mensaje, de más práctica.
Pero no. Nada más lejos.
Es un problema de miedo.
Aunque llamarlo miedo escénico se queda corto.
Entonces, miedo, ¿a qué?
A exponerte cuando es importante hacerlo.
A destacar sin saber qué ocurrirá si lo haces.
Al juicio… y lo que crees que perderías si lo haces.
Y entonces normalmente se quedan atrapadas intentando “arreglarlo” con los típicos consejos de oratoria:
Preparar aún más el discurso.
Ensayar delante del espejo.
Forzarse a proyectar la voz.
Controlar la postura.
Imaginarte a la audiencia desnuda.
Consejos bienintencionados que funcionan como un microondas:
rápidos, superficiales…
y que, sin darse cuenta, alimentan el miedo al rechazo y perpetúan el miedo escénico.
Porque cuando todo eso falla, pasa lo siguiente:
Empiezas a desconfiar de tu cuerpo.
Piensas que “algo en ti no funciona”.
Que nunca serás capaz de comunicar tu valor.
Te desesperas.
La frustración aumenta.
Empiezas a pensar que el problema eres tú.
Y todo vuelve a empezar.
Más intentos. Más control. Más autocensura. Más miedo.
Sin saberlo, estás sobre arena movediza.
La arena movediza del miedo escénico.
Y puedes pasarte años ahí. Incluso décadas.
Reunión tras reunión.
Presentación tras presentación.
Un bucle infinito de permanecer escondida, ansiedad… y pérdida de oportunidades.
¿La solución?
Dejar de luchar. De esforzarte por aprenderte el discurso, por practicar, por cambiar la estructura de tu mensaje.
Es contratuitivo. Y casi nadie lo sabe.
Ni siquiera los expertos en oratoria.
Siguen repitiendo los mismos mensajes que, aunque bienintencionados, refuerzan el miedo escénico.
Por eso te propongo dejar de esconderte, para dejar de luchar contigo misma cuando hablas en público, devolverte la confianza y la seguridad.
Porque cuando esa lucha termina, tu voz y tu presencia salen solas.
Como primer paso, he escrito una guía (gratis).
Si la quieres, responde GUÍA a este hilo y te la paso por privado.
Abrazo.
Silvia.
Pero no. Nada más lejos.
Es un problema de miedo.
Aunque llamarlo miedo escénico se queda corto.
Entonces, miedo, ¿a qué?
A exponerte cuando es importante hacerlo.
A destacar sin saber qué ocurrirá si lo haces.
Al juicio… y lo que crees que perderías si lo haces.
Y entonces normalmente se quedan atrapadas intentando “arreglarlo” con los típicos consejos de oratoria:
Preparar aún más el discurso.
Ensayar delante del espejo.
Forzarse a proyectar la voz.
Controlar la postura.
Imaginarte a la audiencia desnuda.
Consejos bienintencionados que funcionan como un microondas:
rápidos, superficiales…
y que, sin darse cuenta, alimentan el miedo al rechazo y perpetúan el miedo escénico.
Porque cuando todo eso falla, pasa lo siguiente:
Empiezas a desconfiar de tu cuerpo.
Piensas que “algo en ti no funciona”.
Que nunca serás capaz de comunicar tu valor.
Te desesperas.
La frustración aumenta.
Empiezas a pensar que el problema eres tú.
Y todo vuelve a empezar.
Más intentos. Más control. Más autocensura. Más miedo.
Sin saberlo, estás sobre arena movediza.
La arena movediza del miedo escénico.
Y puedes pasarte años ahí. Incluso décadas.
Reunión tras reunión.
Presentación tras presentación.
Un bucle infinito de permanecer escondida, ansiedad… y pérdida de oportunidades.
¿La solución?
Dejar de luchar. De esforzarte por aprenderte el discurso, por practicar, por cambiar la estructura de tu mensaje.
Es contratuitivo. Y casi nadie lo sabe.
Ni siquiera los expertos en oratoria.
Siguen repitiendo los mismos mensajes que, aunque bienintencionados, refuerzan el miedo escénico.
Por eso te propongo dejar de esconderte, para dejar de luchar contigo misma cuando hablas en público, devolverte la confianza y la seguridad.
Porque cuando esa lucha termina, tu voz y tu presencia salen solas.
Como primer paso, he escrito una guía (gratis).
“Cómo dejar de esconderte cuando hablas en público”
Si la quieres, responde GUÍA a este hilo y te la paso por privado.
Abrazo.
Silvia.