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Esto que viene no es para todo el mundo.
Es para alguien que lleva décadas construyendo una vida estable a nivel laboral y personal, pero que siente un desgaste interno difícil de explicar.
Y esa sensación que te ha traído hasta aquí no es la que quieres para los próximos años.
Si ese no eres tú, sigue.
Si lo es, quizá valga la pena que sigas leyendo.
Te lo muestro…
Cuando viajas te sientes vivo, pero, dependiendo de dónde vayas, asegúrate de poder dormir bien.
Porque si estás en la calle de pinchos de Hondarribia y no tienes buenas ventanas, o te sumas a la fiesta o prepárate para tirar cubos de agua para que todo el mundo se vaya a su puta casa a las 3 de la mañana.
No, en serio, asegúrate si vas allí, porque esa gente es de otro planeta en cuanto a lo social.
En Semana Santa ni Cristo descansa allí.
Es un continuo de 12 a 3 en esa calle, 15 horas de comer, beber, reír, llorar y hablar, hablar, hablar y hablar.
Y si pasara solo en fechas puntuales, estaría bien…
Pero nos refugiamos más de lo que deberíamos en lo social y, cuando lo hacemos, aparece el resacón de la “solofobia”.
Y lo dicen los de la Universidad de Virginia, no yo, en su estudio sobre este concepto, que dice que:
muchas personas prefieren recibir descargas eléctricas antes que quedarse solas con sus pensamientos durante 15 minutos.
El 67 % de los hombres y el 25 % de las mujeres eligieron el dolor físico por encima del “desgaste interno”
demostrando que el silencio actúa como un espejo demasiado incómodo de mirar.
Así que lo siento, porque no importa lo que te hayan dicho tus padres:
los hombres nunca podrán comprender el dolor del parto,
los sacerdotes no pueden entender el placer del sexo,
la gente común nunca podrá entender a los alcohólicos
y ni una pizca de sabiduría publicitaria ha sido escrita jamás por un doctor.
Así que ya sabes...
si esta Semana Santa te has pasado de cañas y necesitas sentirte acompañado de nuevo,
vuelve a casa,
a ese lugar interno donde todo parece estar bien.
Es para alguien que lleva décadas construyendo una vida estable a nivel laboral y personal, pero que siente un desgaste interno difícil de explicar.
Y esa sensación que te ha traído hasta aquí no es la que quieres para los próximos años.
Si ese no eres tú, sigue.
Si lo es, quizá valga la pena que sigas leyendo.
Te lo muestro…
Cuando viajas te sientes vivo, pero, dependiendo de dónde vayas, asegúrate de poder dormir bien.
Porque si estás en la calle de pinchos de Hondarribia y no tienes buenas ventanas, o te sumas a la fiesta o prepárate para tirar cubos de agua para que todo el mundo se vaya a su puta casa a las 3 de la mañana.
No, en serio, asegúrate si vas allí, porque esa gente es de otro planeta en cuanto a lo social.
En Semana Santa ni Cristo descansa allí.
Es un continuo de 12 a 3 en esa calle, 15 horas de comer, beber, reír, llorar y hablar, hablar, hablar y hablar.
Y si pasara solo en fechas puntuales, estaría bien…
Pero nos refugiamos más de lo que deberíamos en lo social y, cuando lo hacemos, aparece el resacón de la “solofobia”.
Y lo dicen los de la Universidad de Virginia, no yo, en su estudio sobre este concepto, que dice que:
muchas personas prefieren recibir descargas eléctricas antes que quedarse solas con sus pensamientos durante 15 minutos.
El 67 % de los hombres y el 25 % de las mujeres eligieron el dolor físico por encima del “desgaste interno”
demostrando que el silencio actúa como un espejo demasiado incómodo de mirar.
Así que lo siento, porque no importa lo que te hayan dicho tus padres:
los hombres nunca podrán comprender el dolor del parto,
los sacerdotes no pueden entender el placer del sexo,
la gente común nunca podrá entender a los alcohólicos
y ni una pizca de sabiduría publicitaria ha sido escrita jamás por un doctor.
Así que ya sabes...
si esta Semana Santa te has pasado de cañas y necesitas sentirte acompañado de nuevo,
vuelve a casa,
a ese lugar interno donde todo parece estar bien.