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Me denunciaron por suplantación de identidad
Un agosto de hace unos años. Treinta y tantos grados. Los juzgados cerrados.
Me llegó una denuncia penal.
Por hacer bodas.
No os voy a mentir: me acojoné. Se me cerró el sin esquinas.
Llevaba años haciendo ceremonias simbólicas.
Nada ilegal ni oscuro.
Actor, maestro de ceremonias, cara visible del momento más importante en la vida de una pareja.
Dejaba muy claro desde el primer email, antes incluso de que me contrataran, que la ceremonia no tenía validez legal.
Que yo era un actor.
Que era una representación emotiva y para recordar, no un trámite oficial.
Un malentendido lo cambió todo.
Una pareja de Sitges.
Un hotel.
Un juez de paz oficial que había reservado esa fecha y que, cuando la pareja le dijo que el hotel ya tenía su propio juez de paz, tiró del hilo.
Preguntó más.
Le dieron mis datos.
La pareja —que jamás llegó a contratarme— no explicó que yo era un actor y que la ceremonia no tenía ninguna validez legal.
El juez oficial se sintió suplantado.
Y me denunció penalmente.
Suplantación de identidad de un funcionario público.
Un delito grave. Usurpación de funciones públicas.
Lo mismo que si te haces pasar por un policía.
Era agosto. Juzgados parados. Abogados de vacaciones.
Yo, con un expediente penal, buscando explicaciones sin encontrar a nadie.
Llamé a la pareja. Silencio.
Llamé al hotel. Me dijeron: es tu problema.
"Joder", pensé. "Da gusto la solidaridad que tengo aquí."
Al final conseguí un abogado penalista.
Los Mossos habían inspeccionado mi web y mis redes. El informe del expediente decía: es un actor, aquí no hay nada sospechoso.
Juicio. Jueza.
En cuanto mi abogado empezó a explicar la situación, la jueza lo cortó:
"Yo ya he estado en bodas donde hay un actor. Sé cómo va esto. Esto no tendría que haber llegado a mis manos."
Archivado.
Caso cerrado.
Menos el coste del abogado penalista. Ese sí lo pagué yo.
El acuerdo con el hotel. Ese también lo perdí. Porque ellos no querían más líos. Como si el lío lo hubiera buscado yo.
En bodas, como en muchos negocios, mientras todo va bien, eres parte del equipo. Cuando llega un problema, descubres de verdad quién estaba contigo y quién solo te estaba usando.
La pareja desapareció. El hotel me dio la espalda. El juicio se archivó. Yo me pagué la defensa y me quedé sin el cliente.
P.D.: Salí después en la Sexta, Antena 3 y TV3 explicando qué es un maestro de ceremonias y qué no. Pensé que aquello me traería bodas. No tengo constancia de que llegara ninguna. Así funciona esto también.
Japi Dei
José Levy