Mirkevel
Empresario
- Desde
- 25 Feb 2026
- Mensajes
- 165
- Trofeos
- 182
No tenía marca personal.
No tenía seguidores.
No tenía mentoría.
Tenía una máquina de hacer gelatinas y moldes de muchos animales.
Unos moldes.
Y un barrio.
Así comenzó mi primer negocio.
Nada más.
Mientras otros jugaban, yo estaba en la cocina experimentando.
Colores.
Sabores.
Formas.
No pensaba en emprender.
Pensaba en vender para comprarme las botas de Ronaldinho.
Y la golosina que más quería vender, era el dinosaurio.
Un dinosaurio 20 céntimos.
Era grande de cojones ese molde y lo hacia en dos colores.
Mi primer negocio fue fácil, solo hacía golosinas de gelatina.
Mi abuela cocinaba la gelatina, yo añadía los colorantes, lo colocaba en los moldes y dejaba enfriar aquella gelatina.
Después las desmoldaba con cuidado y salía a la calle con una misión simple.
Que alguien me diera dinero a cambio de algo que yo había creado.
No había Ads.
No había embudos.
No había estrategia sofisticada.
Había puerta a puerta.
Había vergüenza que tragar.
Había rechazo.
Y había aprendizaje.
Aprendí que si el producto gustaba, repetían.
Aprendí que el envoltorio importaba.
Aprendí que el precio tenía que tener sentido.
Aprendí que sonreír ayudaba.
Aprendí que el “no” no mata.
Ese día entendí algo que no se me ha olvidado.
El negocio no empieza cuando facturas miles.
Empieza cuando tienes el valor de ofrecer algo y pedir dinero por ello.
Mi primer caso de éxito no fue viral.
Fue local.
Pero real con dos cojones.
Y me enseñó más que cualquier curso de ventas.
Si puedes vender gelatinas en tu barrio, puedes vender ideas en internet.
Puedes vender servicios.
Puedes vender transformación.
Porque el principio es el mismo...
Crear valor.
Salir ahí fuera.
Asumir el riesgo.
Cobrar por ello.
Muchos esperan la oportunidad perfecta.
Yo tuve moldes de colores y azúcar.
Y fue suficiente para empezar.
La pregunta no es si tienes recursos.
La pregunta es:
¿Estás usando los que ya tienes en tu cerebro, o necesitas perder tiempo de tu vida para sentirte realizado?
Porque todos empezamos con algo pequeño.
La diferencia es quién decide convertirlo en grande.
¿Tú en que lado estás?
En el lado de los malos vendedores o de los que venden.
PD: Me compré las botas de Ronaldinho y el equipaje de Iker Casillas.
Sí, sí...
Lo sé, soy así de raro, ni Madrid, ni Barcelona.
Simplemente Kevin.
No tenía seguidores.
No tenía mentoría.
Tenía una máquina de hacer gelatinas y moldes de muchos animales.
Unos moldes.
Y un barrio.
Así comenzó mi primer negocio.
Nada más.
Mientras otros jugaban, yo estaba en la cocina experimentando.
Colores.
Sabores.
Formas.
No pensaba en emprender.
Pensaba en vender para comprarme las botas de Ronaldinho.
Y la golosina que más quería vender, era el dinosaurio.
Un dinosaurio 20 céntimos.
Era grande de cojones ese molde y lo hacia en dos colores.
Mi primer negocio fue fácil, solo hacía golosinas de gelatina.
Mi abuela cocinaba la gelatina, yo añadía los colorantes, lo colocaba en los moldes y dejaba enfriar aquella gelatina.
Después las desmoldaba con cuidado y salía a la calle con una misión simple.
Que alguien me diera dinero a cambio de algo que yo había creado.
No había Ads.
No había embudos.
No había estrategia sofisticada.
Había puerta a puerta.
Había vergüenza que tragar.
Había rechazo.
Y había aprendizaje.
Aprendí que si el producto gustaba, repetían.
Aprendí que el envoltorio importaba.
Aprendí que el precio tenía que tener sentido.
Aprendí que sonreír ayudaba.
Aprendí que el “no” no mata.
Ese día entendí algo que no se me ha olvidado.
El negocio no empieza cuando facturas miles.
Empieza cuando tienes el valor de ofrecer algo y pedir dinero por ello.
Mi primer caso de éxito no fue viral.
Fue local.
Pero real con dos cojones.
Y me enseñó más que cualquier curso de ventas.
Si puedes vender gelatinas en tu barrio, puedes vender ideas en internet.
Puedes vender servicios.
Puedes vender transformación.
Porque el principio es el mismo...
Crear valor.
Salir ahí fuera.
Asumir el riesgo.
Cobrar por ello.
Muchos esperan la oportunidad perfecta.
Yo tuve moldes de colores y azúcar.
Y fue suficiente para empezar.
La pregunta no es si tienes recursos.
La pregunta es:
¿Estás usando los que ya tienes en tu cerebro, o necesitas perder tiempo de tu vida para sentirte realizado?
Porque todos empezamos con algo pequeño.
La diferencia es quién decide convertirlo en grande.
¿Tú en que lado estás?
En el lado de los malos vendedores o de los que venden.
PD: Me compré las botas de Ronaldinho y el equipaje de Iker Casillas.
Sí, sí...
Lo sé, soy así de raro, ni Madrid, ni Barcelona.
Simplemente Kevin.