Jaime Durán
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- 25 Feb 2026
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Hace poco escuché un consejo que sirve exactamente igual para adiestrar a tu perro o para cerrarventas B2B. Y lo acabo de poner a prueba.
Casi todas las noches saco a mis dos perritas a pasear al canil cerca de mi casa. Ellas son felicescorriendo con los demás perros, pero el problema empieza cuando nos tenemos que ir.
Una de ellas es muy obediente; la llamo y se acerca rápido. Pero la otra me mira desde lejos, quieta,con cara de "no me quiero ir".
Al principio me desgastaba llamándola o, peor aún, persiguiéndola por todo el parque. Un esfuerzocompletamente inútil.
Hasta que hice lo que hay que hacer: dejé de perseguirla.
Le puse la correa a la perrita obediente, di media vuelta y empecé a caminar hacia la salida del canil,ignorándola por completo.
¿El resultado? En menos de 15 segundos la tenía al lado mío, a un centímetro de distancia, pidiendoque le pusiera su collar. Fue como magia.
Esta misma semana me pasó exactamente lo mismo con un negocio corporativo importante.
Envié la propuesta comercial y hubo silencio. Estuve muy tentado de ceder a la ansiedad y escribirleese típico correo de "¿Pudiste leer mi propuesta? ¿Tomaste una decisión?".
Pero me frené. Hice lo mismo que en el parque: solté la correa, le quité la presión de compra y dejé deperseguirlo.
Ayer recibí la buena noticia: el cliente apareció solo y aceptó la propuesta.
Si tu equipo comercial persigue a los prospectos desde la necesidad y la ansiedad, solo van a lograrque el cliente salga corriendo en la dirección contraria.
Para que un gerente te compre, necesitas soltar la correa, dejar de rogar y usar las palabras correctaspara que sea él quien se acerque a ti.
Si quieres que tus correos dejen de sonar desesperados, mi Auditoría Express arregla ese problema.
Inscríbete a mi lista privada acá:
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Revisa los detalles y reserva tu espacio aquí:
jaimeduranh.com
Un abrazo,
Jaime Durán
Casi todas las noches saco a mis dos perritas a pasear al canil cerca de mi casa. Ellas son felicescorriendo con los demás perros, pero el problema empieza cuando nos tenemos que ir.
Una de ellas es muy obediente; la llamo y se acerca rápido. Pero la otra me mira desde lejos, quieta,con cara de "no me quiero ir".
Al principio me desgastaba llamándola o, peor aún, persiguiéndola por todo el parque. Un esfuerzocompletamente inútil.
Hasta que hice lo que hay que hacer: dejé de perseguirla.
Le puse la correa a la perrita obediente, di media vuelta y empecé a caminar hacia la salida del canil,ignorándola por completo.
¿El resultado? En menos de 15 segundos la tenía al lado mío, a un centímetro de distancia, pidiendoque le pusiera su collar. Fue como magia.
Esta misma semana me pasó exactamente lo mismo con un negocio corporativo importante.
Envié la propuesta comercial y hubo silencio. Estuve muy tentado de ceder a la ansiedad y escribirleese típico correo de "¿Pudiste leer mi propuesta? ¿Tomaste una decisión?".
Pero me frené. Hice lo mismo que en el parque: solté la correa, le quité la presión de compra y dejé deperseguirlo.
Ayer recibí la buena noticia: el cliente apareció solo y aceptó la propuesta.
Si tu equipo comercial persigue a los prospectos desde la necesidad y la ansiedad, solo van a lograrque el cliente salga corriendo en la dirección contraria.
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Un abrazo,
Jaime Durán