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- 5 Abr 2025
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Parece que hay momentos en los que necesitas más tiempo para reflexionar sobre cómo enfocar lo que te viene a la mente de una forma coherente.
Pero cuando el tiempo aprieta, cuando te comprometes a que cada día vas a dar voz, a través de las palabras, para llegar a las personas que hay detrás de tu objetivo, resulta que el tiempo de inspiración es limitado, y desde ahí, según dicen, te viene la genialidad de una inspiración más grande que la incomodidad de no saber qué decir.
Y esto tiene una explicación aparentemente reconocible: saber atender a la jugada de la mente rumiante
Cuando escribes desde la razón, empiezas a necesitar más tiempo para expresarte con mejor perspectiva, desde un ángulo que se pueda entender.
Aquí aparece la reflexión que limita las palabras en relación con la coherencia del mensaje, y es cuando menos sentido tiene, vamos, una pérdida de tiempo.
En cambio, cuando escribes desde la inmediatez, sin pensar demasiado, lo que se llama escritura libre, todo fluye naturalmente.
No cuestionas, no te paras a pensar si esto va a llegar, si está triste, si es una tontería, si hoy no estás inspirado, si empiezas a ponerte excusas para frenar, darte una vuelta, prepararte un café o un té para ganar tiempo y así esperar a que venga esa inspiración divina, la perfección de un mensaje que acabas traduciendo en la IA para que parezca más brillante que humano.
Y este, amigo mío, es el mayor de los errores que cometemos actualmente, el de intentar no ser nosotros, sino una proyección de lo que pensamos que es lo correcto a ojos de los demás, esa perfección que imaginamos que nos hará encajar mejor con la mayoría de los lectores.
Y paramos aquí.
La mayoría de los lectores no quiere decir la mayor parte de personas a las que les interesa lo que dices.
Y hacemos otro apunte.
¿para qué quieres que te sigan? ¿Vendes algo? ¿O solo intentas caer bien por la necesidad de aprobación? Gran tema.
Planteémonos el caso.
caer bien, ¿para qué? Vender, ¿para qué? ¿Aprobación sobre qué? Si ya no nos hace falta esforzarnos tanto para estar aceptados en ninguna manada, si ya no pasamos necesidad por alimentarnos, si ya estamos hiperconectados y saciados con la gente cuando, como y donde queramos.
El caso es...
¿sabemos hacer servir estos privilegios para beneficiarnos o simplemente los cogemos como un derecho adquirido, sin saber manejarlos correctamente?
No hace falta responder a esta pregunta tan obvia, o quizás si, siempre hay esperanza.
Y desde ahí voy a hablar hoy.
Porque, sí, existe el bloqueo, y es el que me ha llevado a tener esperanza.
Agradezco el bloqueo porque lo recojo como un aprendizaje para reflexionar sobre cómo debo dirigirme a las personas que necesiten palabras de aliento, no dramas, de esos ya tenemos cientos, miles de impactos diarios.
Ahora hay necesidades que el ser humano busca sin darse cuenta, un mensaje que rompa con esta forma de vida que nos aleja de lo que somos realmente, seres conectados por miradas,
por roces,
por aliento,
por contacto.
Personas que levantan la vista para desearse un buen día con una sonrisa,
con un gesto amable,
con voz alegre y decidida a darte esperanza de que hoy,
por ese gesto,
tendrás uno de los mejores días de tu vida.
La mejor inspiración que puedes tener para levantar cualquier texto que se te resista.
Acompáñalo con una sonrisa.
Pero cuando el tiempo aprieta, cuando te comprometes a que cada día vas a dar voz, a través de las palabras, para llegar a las personas que hay detrás de tu objetivo, resulta que el tiempo de inspiración es limitado, y desde ahí, según dicen, te viene la genialidad de una inspiración más grande que la incomodidad de no saber qué decir.
Y esto tiene una explicación aparentemente reconocible: saber atender a la jugada de la mente rumiante
Cuando escribes desde la razón, empiezas a necesitar más tiempo para expresarte con mejor perspectiva, desde un ángulo que se pueda entender.
Aquí aparece la reflexión que limita las palabras en relación con la coherencia del mensaje, y es cuando menos sentido tiene, vamos, una pérdida de tiempo.
En cambio, cuando escribes desde la inmediatez, sin pensar demasiado, lo que se llama escritura libre, todo fluye naturalmente.
No cuestionas, no te paras a pensar si esto va a llegar, si está triste, si es una tontería, si hoy no estás inspirado, si empiezas a ponerte excusas para frenar, darte una vuelta, prepararte un café o un té para ganar tiempo y así esperar a que venga esa inspiración divina, la perfección de un mensaje que acabas traduciendo en la IA para que parezca más brillante que humano.
Y este, amigo mío, es el mayor de los errores que cometemos actualmente, el de intentar no ser nosotros, sino una proyección de lo que pensamos que es lo correcto a ojos de los demás, esa perfección que imaginamos que nos hará encajar mejor con la mayoría de los lectores.
Y paramos aquí.
La mayoría de los lectores no quiere decir la mayor parte de personas a las que les interesa lo que dices.
Y hacemos otro apunte.
¿para qué quieres que te sigan? ¿Vendes algo? ¿O solo intentas caer bien por la necesidad de aprobación? Gran tema.
Planteémonos el caso.
caer bien, ¿para qué? Vender, ¿para qué? ¿Aprobación sobre qué? Si ya no nos hace falta esforzarnos tanto para estar aceptados en ninguna manada, si ya no pasamos necesidad por alimentarnos, si ya estamos hiperconectados y saciados con la gente cuando, como y donde queramos.
El caso es...
¿sabemos hacer servir estos privilegios para beneficiarnos o simplemente los cogemos como un derecho adquirido, sin saber manejarlos correctamente?
No hace falta responder a esta pregunta tan obvia, o quizás si, siempre hay esperanza.
Y desde ahí voy a hablar hoy.
Porque, sí, existe el bloqueo, y es el que me ha llevado a tener esperanza.
Agradezco el bloqueo porque lo recojo como un aprendizaje para reflexionar sobre cómo debo dirigirme a las personas que necesiten palabras de aliento, no dramas, de esos ya tenemos cientos, miles de impactos diarios.
Ahora hay necesidades que el ser humano busca sin darse cuenta, un mensaje que rompa con esta forma de vida que nos aleja de lo que somos realmente, seres conectados por miradas,
por roces,
por aliento,
por contacto.
Personas que levantan la vista para desearse un buen día con una sonrisa,
con un gesto amable,
con voz alegre y decidida a darte esperanza de que hoy,
por ese gesto,
tendrás uno de los mejores días de tu vida.
La mejor inspiración que puedes tener para levantar cualquier texto que se te resista.
Acompáñalo con una sonrisa.