Jessica Cárdenas
Funcionario
- Desde
- 23 Feb 2026
- Mensajes
- 3
- Trofeos
- 0
El que genera más miedo en el otro gana.
Todos tenemos la capacidad de influir en el sistema nervioso del otro a través de presencia, coherencia emocional, intención y lenguaje no verbal.
Un león sin tocarte ya te movió todo por dentro.
Eso mismo hace tu pareja cuando suspira de cierta manera. Tu cliente cuando llega tarde a la reunión y no se disculpa.
No necesitan decir nada. Su sistema nervioso ya habló con el tuyo.
Si te la pasas tomando café y con una rutina acelerada tu sistema nervioso es un asco. Y en ese estado, cualquier persona con presencia dominante puede desestabilizarte.
Te cuento como comprobé esto.
Cuando trabajaba en una oficina y mi jefe se acercaba a mirar mi computador, el corazón me palpitaba más rapido, sentia calor y me volvía hasta torpe. Mientras el miraba y se iba sintiéndose más confiado, con más poder, CON MI PODER.
Me di cuenta de ello y un día cuando llego a la oficina me puse en los audifonos musica relajante para que su sola presencia no me alterara y apenas sentí que se iba a acercar tomé dos o tres respiraciones profundas y llene mis pensamientos de valentía.
Pude sentir como el se iba sin esa actitud agrandada con la que se habia acercado y como yo al seguir haciendo mi trabajo y hablarle con mucha seguridad me sentí empoderada y segura.
Y sí, yo también lo he hecho. He entrado a reuniones con una presencia que achica al otro sin proponérmelo. He usado el silencio para generar incomodidad.
Las dinámicas sociales ahora son sutiles, vivimos como animales pero shhhh que nadie se entere, que aquí somos civilizados.
La diferencia entre el que roba y el que no es simple: regulación.
El que no se regula necesita alimentarse del otro para sentirse entero. El que sí se regula no necesita achicarte para crecer.
En los negocios esto pasa todo el tiempo y con una consecuencia muy concreta: el que genera más miedo gana la negociación, cierra antes, cobra más. No porque tenga razón sino porque el otro no sabe mantener lo suyo.
O aprendes a regularte o andas regalando poder todo el día sin darte cuenta.
Todos tenemos la capacidad de influir en el sistema nervioso del otro a través de presencia, coherencia emocional, intención y lenguaje no verbal.
Un león sin tocarte ya te movió todo por dentro.
Eso mismo hace tu pareja cuando suspira de cierta manera. Tu cliente cuando llega tarde a la reunión y no se disculpa.
No necesitan decir nada. Su sistema nervioso ya habló con el tuyo.
Si te la pasas tomando café y con una rutina acelerada tu sistema nervioso es un asco. Y en ese estado, cualquier persona con presencia dominante puede desestabilizarte.
Te cuento como comprobé esto.
Cuando trabajaba en una oficina y mi jefe se acercaba a mirar mi computador, el corazón me palpitaba más rapido, sentia calor y me volvía hasta torpe. Mientras el miraba y se iba sintiéndose más confiado, con más poder, CON MI PODER.
Me di cuenta de ello y un día cuando llego a la oficina me puse en los audifonos musica relajante para que su sola presencia no me alterara y apenas sentí que se iba a acercar tomé dos o tres respiraciones profundas y llene mis pensamientos de valentía.
Pude sentir como el se iba sin esa actitud agrandada con la que se habia acercado y como yo al seguir haciendo mi trabajo y hablarle con mucha seguridad me sentí empoderada y segura.
Y sí, yo también lo he hecho. He entrado a reuniones con una presencia que achica al otro sin proponérmelo. He usado el silencio para generar incomodidad.
Las dinámicas sociales ahora son sutiles, vivimos como animales pero shhhh que nadie se entere, que aquí somos civilizados.
La diferencia entre el que roba y el que no es simple: regulación.
El que no se regula necesita alimentarse del otro para sentirse entero. El que sí se regula no necesita achicarte para crecer.
En los negocios esto pasa todo el tiempo y con una consecuencia muy concreta: el que genera más miedo gana la negociación, cierra antes, cobra más. No porque tenga razón sino porque el otro no sabe mantener lo suyo.
O aprendes a regularte o andas regalando poder todo el día sin darte cuenta.