Marina
Buscavidas
- Desde
- 20 Sep 2025
- Mensajes
- 80
- Trofeos
- 9
No hay tiempo, nada que tengas que hacer, nadie a quién cuidar. El lugar es agradable, tal como a ti te gusta, esa temperatura que te permite estar desnuda y sentir que nada falta y nada sobra. Huele muy bien, sea lo que sea, ese es el olor exacto para ti en este momento y las luces tienen la intensidad deseada.
El tiempo desaparece.
Estás en una postura cómoda para ti y sabes que te puedes mover con libertad.
Empiezas a notar esas caricias que recorren tu cuerpo sin ninguna intención más que disfrutar el contacto de la piel. Caricias que recorren toda tu anatomía, no hay un lugar preferido a no ser que tú lo expreses. Te toca con devoción mientras tu adoras su presencia.
Te mueves libremente para acompañar que esas caricias lleguen a cualquier lugar.
Cómo no hay tiempo, no sabes si ha pasado media hora o cinco. Estás acompañando esa sensación de placer con tu respiración, ahora te alimentas del aire perfumado y saboreas cada inhalación (inhala profundo y siéntelo, vive el relato) y te estremeces con cada exhalación (exhala con la boca un poco abierta dejando que suene el aire al salir).
Tu compañero se sincroniza y sientes como su respiración y la tuya se van conectando. Os vais fundiendo, no hay separación.
Os miráis a lo ojos y ves a tu Dios mirarte como a su Diosa mientras la respiración sigue conectando los dos cuerpos.
(tú sigue inhalando y exhalando...)
Vas notando esa apertura que es como un cosquilleo cálido. Lo sientes en tu corazón, en tu cuerpo y en tu templo sagrado (el coño para los más básicos). Se lubrica y sientes un deseo realmente ardiente. No hay nada más, no hay tiempo, no hay ninguna intención y te abres como la flor de loto, pétalo a pétalo, y te abandonas al placer. Tu Dios simplemente te abraza y notas tan cerca su vara de poder (la polla erecta) que simplemente el roce estremece todo el cuerpo, tu agua sagrada fluye (squirt) y sientes el placer que recorre cada centímetro de tu cuerpo.
Cada exhalación es una expresión sonora que hace que vibre todo, pierdes el mundo de vista, te sientes sostenida y amada. Tu corazón late con fuerza.
Dura unos minutos donde sientes que realmente estás en el cielo, conectada al Universo infinito y te envuelven nubes que abrazan y cuidan todo tu ser.
Poco a poco vas volviendo a ese abrazo humano, a esa mirada, a esa presencia que simplemente te acompaña.
La energía que sientes y la devoción hacia tu Dios, que sigue ahí contigo, no se puede comparar a ninguna experiencia amorosa que hayas tenido antes.
---
Por supuesto este orgasmo no es el final del encuentro, es sólo el principio. Un orgasmo de verdad nunca es el final.
El tiempo desaparece.
Estás en una postura cómoda para ti y sabes que te puedes mover con libertad.
Empiezas a notar esas caricias que recorren tu cuerpo sin ninguna intención más que disfrutar el contacto de la piel. Caricias que recorren toda tu anatomía, no hay un lugar preferido a no ser que tú lo expreses. Te toca con devoción mientras tu adoras su presencia.
Te mueves libremente para acompañar que esas caricias lleguen a cualquier lugar.
Cómo no hay tiempo, no sabes si ha pasado media hora o cinco. Estás acompañando esa sensación de placer con tu respiración, ahora te alimentas del aire perfumado y saboreas cada inhalación (inhala profundo y siéntelo, vive el relato) y te estremeces con cada exhalación (exhala con la boca un poco abierta dejando que suene el aire al salir).
Tu compañero se sincroniza y sientes como su respiración y la tuya se van conectando. Os vais fundiendo, no hay separación.
Os miráis a lo ojos y ves a tu Dios mirarte como a su Diosa mientras la respiración sigue conectando los dos cuerpos.
(tú sigue inhalando y exhalando...)
Vas notando esa apertura que es como un cosquilleo cálido. Lo sientes en tu corazón, en tu cuerpo y en tu templo sagrado (el coño para los más básicos). Se lubrica y sientes un deseo realmente ardiente. No hay nada más, no hay tiempo, no hay ninguna intención y te abres como la flor de loto, pétalo a pétalo, y te abandonas al placer. Tu Dios simplemente te abraza y notas tan cerca su vara de poder (la polla erecta) que simplemente el roce estremece todo el cuerpo, tu agua sagrada fluye (squirt) y sientes el placer que recorre cada centímetro de tu cuerpo.
Cada exhalación es una expresión sonora que hace que vibre todo, pierdes el mundo de vista, te sientes sostenida y amada. Tu corazón late con fuerza.
Dura unos minutos donde sientes que realmente estás en el cielo, conectada al Universo infinito y te envuelven nubes que abrazan y cuidan todo tu ser.
Poco a poco vas volviendo a ese abrazo humano, a esa mirada, a esa presencia que simplemente te acompaña.
La energía que sientes y la devoción hacia tu Dios, que sigue ahí contigo, no se puede comparar a ninguna experiencia amorosa que hayas tenido antes.
---
Por supuesto este orgasmo no es el final del encuentro, es sólo el principio. Un orgasmo de verdad nunca es el final.