Ayer me bañé en el mar y vi una sirena enorme...

Pablo

Autónomo
Miembro Fundador
Desde
5 Abr 2025
Mensajes
58
Trofeos
0
No me digas que todavía sueñas con sirenas…

Ayer me bañé en el mar, eso es cierto, lo hice solo, como muchas de las veces que lo hago…

Antes de eso tenía expectativas de ir con mi hijo.

Pero las circunstancias lo dejaron durmiendo la mona.

Cero quejas.

Bueno, quizás una sí, tuve expectativas...

Y ayer aprendí una gran lección que quizás te ayude si eres padre o tienes intención de serlo.

Que existan las sirenas o no es un tema más evolutivo que místico.

Y si existen todavía, lo hacen muy bien para ser invisibles al ojo humano,

como muchas de las certezas que tenemos delante y muchos no somos capaces de ver.

Igual que la realidad que existe detrás de este proverbio africano:

“Si quieres ir rápido, ve solo.
Si quieres llegar lejos, camina con otros”.


No estamos hechos para caminar solos por la vida, dos siempre serán mejor que uno.

Y cuando tiendes la mano para caminar junto a la persona que más quieres,
pero no está preparada para cogerla con fuerza,
se escurre… con la misma sutileza que una palabra de aliento.

La cuestión es:
¿Cuánto tiempo necesita un joven adulto para dejar de equivocarse?

Qué pregunta tan poco acertada...

Como si un padre no se equivocara.



Pero esas preguntas son las que aparecen cuando buscas coherencia en el aprendizaje.

El que te das de frente cuando ves las respuestas claras, pero no se aplican por falta de ganas,
las mismas que quizás teníamos a su edad.

Y eso es lo que me dijo, que no tenía ganas...
No es su momento, y está bien así.

Porque ahora, ellos piensan en correr para llegar a sus ideales,
es lo que ahora desean en la era de la inmediatez.

Y en esa carrera rápida se esfuma cualquier decisión de ajuste, por falta de visión.



Nosotros solo podemos observar y darle ejemplo,
seguir bañándonos en el agua fría hasta el día que estén preparados para acompañarnos.


Y seguir equivocándonos en la enseñanza,
forma parte del proceso,
sin castigarnos demasiado.


No somos perfectos, aunque nos lo intenten meter con calzador en cada impacto.


Ellos ven eso cada día...
dejemos de soñar con sirenas, de perros tocando el piano, de gatos ladrando y abuelas tocando la flauta.


Salgamos de este sueño, por nosotros, por nuestros hijos.

Nos lo están pidiendo a gritos.


Yo me equivoqué, en su día,
vivía en un sueño, me lo creí.



Ahora, más despierto,
sueño cada noche con el día en que, desde el ejemplo,
pueda acompañar a mi hijo cuando esté preparado.
 
Volver
Arriba