Marina
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Estoy un poco cansadita de fórmulas mágicas para ser más productivo. Parece que si no eres productivo eres gilipollas o algo parecido.
Recuerdo perfectamente los primeros años de cole. A mí me encantaba ir. Aunque era un cole público de pueblo, había muchos juguetes que me gustaban, un montón de cosas muy interesantes y divertidas y además otros niños con los que jugar. Para mí eso era el paraíso.
Siempre me ha gustado aprender y en el colegio había un montón de cosas nuevas cada día.
Parece ser que además era una niña inteligente.
¿Quien sabe la respuesta de esta pregunta? y yo levantaba la mano emocionada porque lo había entendido a la primera y estaba muy contenta por ello.
Aixxxx... Santa inocencia.
Resulta que aprendí que eso no ayuda a hacer amigos.
Y fíjate, en mi caso no hubo mucho problema en mi entorno directo, pero recuerdo verlo en las películas: la niña lista era la marginada y eso me impactó.
Me impactó de verdad, era muy pequeña.
Fue más adelante, acabando la EGB, que empecé además a corregir a los profesores cuando se equivocaban en la pizarra. A mí me parecía lógico. Ellos me corregían a mí para que aprendiera, así que en mi mente no tenía sentido que hubiera un error en la pizarra para todos mis compañeros.
Pero Marina, eso no funciona así.
Aprendí que el éxito no es bueno, que iba a ser rechazada por ello y empecé a hacerme pequeña y a hacer otras cosas en las que no era tan buena y allí me sentía más cómoda. Empecé a bailar. Me gustaba pero se me daba mal.
Pero a base de practicar y probar cosas nuevas, a los 17 años una profesora nueva me puso en el grupo de las "buenas" y me emocioné, resulta que no lo estaba haciendo tan mal.
Como no sabía que estudiar en la Universidad se me ocurrió que ir al instituto del teatro podría ser una buena opción. Nunca había tenido pánico escénico y estaba aprendiendo bastante sobre mi cuerpo con el baile, los malabares y el teatro.
Tú has visto una bailarina de más de 1,70m?
Eso me dijo la profesora que me conocía desde pequeña, y que siempre me decía que parecía la madre en los bailes de fin de curso por mi altura. Yo ya pasaba esa medida. Nadie me recordó todo lo que había progresado, simplemente era demasiado alta. Destacar no era bueno una vez más.
Estudié biología. Lo decidí a cara o cruz en el bar del último año de instituto. Ese era mi nivel de motivación.
Si todo eso eso de los hábitos fuera cierto, si todo eso funcionara, todos seríamos máquinas de productividad porque aparentemente son fórmulas sencillas de cumplir y no necesitas nada especial.
Pero muchos seguimos sin triunfar.
Porque tenemos algo se nos ha grabado a fuego sobre que triunfar no está bien.
Destacar es malo.
Y aunque digas que es miedo al fracaso, perfeccionismo y no sé cuantas excusas de mierda, tienes miedo al éxito igual que yo.
Venimos programados a fuego para no destacar.
Y he cambiado de entorno muchas veces porque sé lo importante que es eso porque mi miedo es más grande que mi voluntad.
Y tengo voluntad y empiezo y destaco...
Y siempre pasa algo que me asusta y me hago pequeña otra vez.
Miedo al éxito. El miedo no tiene un botón que se apaga y ya está, puede ser muy, muy jodido.
Y sé que no soy la única.
Recuerdo perfectamente los primeros años de cole. A mí me encantaba ir. Aunque era un cole público de pueblo, había muchos juguetes que me gustaban, un montón de cosas muy interesantes y divertidas y además otros niños con los que jugar. Para mí eso era el paraíso.
Siempre me ha gustado aprender y en el colegio había un montón de cosas nuevas cada día.
Parece ser que además era una niña inteligente.
¿Quien sabe la respuesta de esta pregunta? y yo levantaba la mano emocionada porque lo había entendido a la primera y estaba muy contenta por ello.
Aixxxx... Santa inocencia.
Resulta que aprendí que eso no ayuda a hacer amigos.
Y fíjate, en mi caso no hubo mucho problema en mi entorno directo, pero recuerdo verlo en las películas: la niña lista era la marginada y eso me impactó.
Me impactó de verdad, era muy pequeña.
Fue más adelante, acabando la EGB, que empecé además a corregir a los profesores cuando se equivocaban en la pizarra. A mí me parecía lógico. Ellos me corregían a mí para que aprendiera, así que en mi mente no tenía sentido que hubiera un error en la pizarra para todos mis compañeros.
Pero Marina, eso no funciona así.
Aprendí que el éxito no es bueno, que iba a ser rechazada por ello y empecé a hacerme pequeña y a hacer otras cosas en las que no era tan buena y allí me sentía más cómoda. Empecé a bailar. Me gustaba pero se me daba mal.
Pero a base de practicar y probar cosas nuevas, a los 17 años una profesora nueva me puso en el grupo de las "buenas" y me emocioné, resulta que no lo estaba haciendo tan mal.
Como no sabía que estudiar en la Universidad se me ocurrió que ir al instituto del teatro podría ser una buena opción. Nunca había tenido pánico escénico y estaba aprendiendo bastante sobre mi cuerpo con el baile, los malabares y el teatro.
Tú has visto una bailarina de más de 1,70m?
Eso me dijo la profesora que me conocía desde pequeña, y que siempre me decía que parecía la madre en los bailes de fin de curso por mi altura. Yo ya pasaba esa medida. Nadie me recordó todo lo que había progresado, simplemente era demasiado alta. Destacar no era bueno una vez más.
Estudié biología. Lo decidí a cara o cruz en el bar del último año de instituto. Ese era mi nivel de motivación.
Si todo eso eso de los hábitos fuera cierto, si todo eso funcionara, todos seríamos máquinas de productividad porque aparentemente son fórmulas sencillas de cumplir y no necesitas nada especial.
Pero muchos seguimos sin triunfar.
Porque tenemos algo se nos ha grabado a fuego sobre que triunfar no está bien.
Destacar es malo.
Y aunque digas que es miedo al fracaso, perfeccionismo y no sé cuantas excusas de mierda, tienes miedo al éxito igual que yo.
Venimos programados a fuego para no destacar.
Y he cambiado de entorno muchas veces porque sé lo importante que es eso porque mi miedo es más grande que mi voluntad.
Y tengo voluntad y empiezo y destaco...
Y siempre pasa algo que me asusta y me hago pequeña otra vez.
Miedo al éxito. El miedo no tiene un botón que se apaga y ya está, puede ser muy, muy jodido.
Y sé que no soy la única.