"Estás enganchao', eh. Deja el cacharro ya". ¿Qué harías?

Ostras, no sé si estoy de acuerdo Marina...

Si no está preparado, y él mismo lo dice, puede dar malos consejos o malas estrategias.

Estamos hablando de adicciones, salud mental... no sé si es bueno hacer experimentos sin sentirse preparado.

Seguro que nunca estamos preparados del todo, pero veo tantas dudas por su parte que me preocupa que en vez de ayudar pueda provocar lo contrario.

En lo mío veo tanta gente dando consejos de inversión malos y que pueden provocar desastres que lo extrapolo a algo tan importante como esto y me preoucupa.
Pues yo soy partidaria de que si pones por delante la honestidad, saber a donde puedes llegar y no sobrepasar tu línea, todos podemos ayudar por el simple hecho de ser humanos.

Él puede empezar, por ejemplo, dando charlas, contando su experiencia y observaciones. Eso ya puede ayudar a un montón de gente sin ponerse en un nivel de personas que estén teniendo problemas serios de adicción que esté afectando a temas troncales de la vida suya y de su familia.

En ese camino seguro va a aprender mucho y si el tema interesa, te sigues formando y vas subiendo escalones en el conocimiento y el compromiso con casos más complejos.

Se pueden dar consejos de inversión siendo un cuñao y reconociendo que ese es tu nivel y que no se te ocurra seguir esos consejos para menos de lo que no te importaría regalar a un extraño. El problema es no ser honesto, asesorar a nivel cuñao diciendo que tú sabes y tienes experiencia.

En el año 2004, yo tenía 23 años y mi padre, que era arquitecto, decidió vender una pequeña promoción de 3 viviendas que él mismo diseñó, eligió los materiales y supervisó con mucho mimo todo el proceso de construcción. Entonces le pregunté por cuanto se vendía cada casita. Cuando me dijo el precio aluciné. Eran baratísimas para el precio de mercado en ese momento en el que la burbuja se hinchaba a lo bestia. Se lo dije, creo que son muy baratas. Y se enfadó, me trató muy mal, me humilló y me dijo con su tono de desprecio que no me preocupara que él sabía muy bien cómo ganarse la vida. Mi padre como padre ha sido un desastre, pero como arquitecto, la gente sigue sonriendo en el pueblo cuando oye su nombre porque lo hizo muy bien.

Entonces entendí de sopetón que los precios de mercado eran una estafa, lo entendí muy rápido, fue muy evidente. En ese momento algunos amigos algo más mayores que yo ya estaban comprando su primera casa y recuerdo que a uno le dije, ten cuidado con esos precios que están muy hinchados y eso no puede ser bueno. Ni siquiera entendía el concepto burbuja. Obviamente no me hizo caso.

Cuando en 2008 todo fue explotando, mi amigo estuvo en graves problemas mientras mi padre ni se despeinó y eso que vivía de la construcción.

Yo no daba consejos de inversión en vivienda, pero me basé en una evidencia muy clara que me hizo entender todo de golpe. Me sentí avergonzada también por mi amigo que me trataba de niñata resabiada (lo sé, tan amigo no era, el tiempo también lo demostró). No digo que me tenía que haber hecho caso así sin más, pero cuando compartes tus observaciones y reflexiones sin ser experto, igual puedes ayudar a que otros se planteen algo que antes no habían observado y les puedes animar a que consulten un experto de verdad.

la clave es la HONESTIDAD.

Estamos acostumbrados a infantilizar a la gente y además asumiendo que todo el mundo es mentiroso. Y en el contexto de niños adultos guiados por mentirosos fanfarrones y arrogantes, estoy contigo.

Pero quiero pensar que sólo por el hecho de estar en este foro ya bajamos la media.
 
Pues yo soy partidaria de que si pones por delante la honestidad, saber a donde puedes llegar y no sobrepasar tu línea, todos podemos ayudar por el simple hecho de ser humanos.

Él puede empezar, por ejemplo, dando charlas, contando su experiencia y observaciones. Eso ya puede ayudar a un montón de gente sin ponerse en un nivel de personas que estén teniendo problemas serios de adicción que esté afectando a temas troncales de la vida suya y de su familia.

En ese camino seguro va a aprender mucho y si el tema interesa, te sigues formando y vas subiendo escalones en el conocimiento y el compromiso con casos más complejos.

Se pueden dar consejos de inversión siendo un cuñao y reconociendo que ese es tu nivel y que no se te ocurra seguir esos consejos para menos de lo que no te importaría regalar a un extraño. El problema es no ser honesto, asesorar a nivel cuñao diciendo que tú sabes y tienes experiencia.

En el año 2004, yo tenía 23 años y mi padre, que era arquitecto, decidió vender una pequeña promoción de 3 viviendas que él mismo diseñó, eligió los materiales y supervisó con mucho mimo todo el proceso de construcción. Entonces le pregunté por cuanto se vendía cada casita. Cuando me dijo el precio aluciné. Eran baratísimas para el precio de mercado en ese momento en el que la burbuja se hinchaba a lo bestia. Se lo dije, creo que son muy baratas. Y se enfadó, me trató muy mal, me humilló y me dijo con su tono de desprecio que no me preocupara que él sabía muy bien cómo ganarse la vida. Mi padre como padre ha sido un desastre, pero como arquitecto, la gente sigue sonriendo en el pueblo cuando oye su nombre porque lo hizo muy bien.

Entonces entendí de sopetón que los precios de mercado eran una estafa, lo entendí muy rápido, fue muy evidente. En ese momento algunos amigos algo más mayores que yo ya estaban comprando su primera casa y recuerdo que a uno le dije, ten cuidado con esos precios que están muy hinchados y eso no puede ser bueno. Ni siquiera entendía el concepto burbuja. Obviamente no me hizo caso.

Cuando en 2008 todo fue explotando, mi amigo estuvo en graves problemas mientras mi padre ni se despeinó y eso que vivía de la construcción.

Yo no daba consejos de inversión en vivienda, pero me basé en una evidencia muy clara que me hizo entender todo de golpe. Me sentí avergonzada también por mi amigo que me trataba de niñata resabiada (lo sé, tan amigo no era, el tiempo también lo demostró). No digo que me tenía que haber hecho caso así sin más, pero cuando compartes tus observaciones y reflexiones sin ser experto, igual puedes ayudar a que otros se planteen algo que antes no habían observado y les puedes animar a que consulten un experto de verdad.

la clave es la HONESTIDAD.

Estamos acostumbrados a infantilizar a la gente y además asumiendo que todo el mundo es mentiroso. Y en el contexto de niños adultos guiados por mentirosos fanfarrones y arrogantes, estoy contigo.

Pero quiero pensar que sólo por el hecho de estar en este foro ya bajamos la media.
Yo creo que es diferente dar consejos a amigos que dedicarse profesionalmente a algo y no estar preparado, especialmente en algo tan serio.
Y no sé si es el caso de Iván, pero se le ve bastante inseguro, algo que tampoco le ayuda a venderse.
Pero ojalá le vaya muy bien y ojalá más gente de 20 años tuvieran estas ganas!
 
Hola Ivan! Soy Carlos y tambien tengo 20 años.

He visto muchisimos comentarios hablando del tema y eso es muuuy buena señal porque significa que a la gente le importa.

No te quites valor! te sorprenderia lo mucho que sabes frente a otras personas que ya estan dentro de este mundillo del emprendimiento.

Yo tengo algo de experiencia y te puedo echar una mano si necesitas ayuda, tengo a mano recursos, libros , herramientas que a mi me han servido y aunque lleve solo 3 años montando proyectos creo que me he pegado bastantes ostias como para echar una mano e impulsar a alguien que quiere dar los primeros pasos en el emprendimiento.

Escribeme por privado y te puedo echar una mano con lo que se, animo con eso!
 
Hola.

Soy Ivan y tengo 20 años.

Y no, el cacharro no es el que estás pensando (lo siento).

El cacharro es lo que solemos tener en el bolsillo o como extensión de nuestro brazo: el móvil.


Y perdóname, porque...

Puede que te estés preguntando que... qué forma de presentarse es esta (Hablando de cacharros)

Te entiendo. Es extraña.

Pero dame una oportunidad (solo una).


Estudio psicología y en mi entorno (coméntame si en el tuyo también), veo un problema recurrente en muchas personas (y también en mí mismo): la dependencia al móvil.


Dependencia que sé puede traducir en: falta de concentración, pérdida de tiempo, frustración, problemas de autoestima, escape emocional, comparaciones en RRSS, ansiedad y mil historias más...

Y se les da a los niños para "no molestar". En adolescentes para "no perderse lo último y estar a la moda". En adultos por ser "herramienta de trabajo".

Pero la realidad esconde algo más.

Y ese "algo" es, precisamente, lo que me gustaría aportar.


Y, para ponerte en contexto (se viene chapa, pero no es larga, tranquilo.)

Estudio tercero de psicología.
Llevo 2 años estudiando comunicación paralelamente.
Y me he formado con @ciencias_del_comportamiento en Análisis del Lenguaje No Verbal No Consciente.

Siento que tengo los conocimientos base para empezar a divulgar en redes sociales sobre estas problemáticas y cómo poder solucionarlas. Y no desde una posición de autoridad (que no la tengo, y creo que no es negativo), sino desde el acompañamiento: "yo también estoy intentando mejorar este ámbito".

Y puede que tenga una opinión sesgada, pero creo que es algo que nos afecta a todos.


Desde vuestra experiencia y pensando en el largo plazo...

¿Creéis que podría tener futuro un proyecto que abogue por ayudar a personas con estos problemas?


Estaré encantadísimo. Pero encantadísimo de escuchar todas vuestras opiniones honestas y sinceras. Me da igual a lo que te dediques y lo que hagas.
Más experiencia que yo sobre la vida vas a tener,
seguro ajjajajaj

Abrazos múltiples a todosss!!

Ivan

Si, rotundo

De alguna manera creo que ya a estas alturas de la vida, todo estamos un poquito enganchados al móvil.

Yo de hecho, hace dos meses lo perdí en Sri Lanka y tuve un ratico malo malo.

Te dejo el mail que escribí a mi lista para terapeutas y profesionales de la salud, para que tú puedas ver ese sí con más claridad:


Perdí mi móvil y mi cerebro pidió asilo digital
Lo perdí en Sri Lanka.

No en Suecia.
Ni en casa de una amiga.

En Sri Lanka.

Selva. Tuk-tuks. Carteles en otro alfabeto.
Y yo… sin Google Maps, sin WhatsApp y sin identidad digital.

Pasé del
“no puede ser verdad”
al
“joder, he perdido media vida”.

Y entonces mi amígdala hizo lo que mejor sabe hacer:
entrar en pánico.

Porque no podía entrar a mis cuentas.
Ni desde otro dispositivo.
El sistema me decía que no era yo
¿¿En serio??

Eso tiene nombre: nomofobia.

Cuando tu sistema nervioso descubre que su chupete digital ha desaparecido
y empieza el síndrome de abstinencia:
ansiedad, irritabilidad, paranoia
y esa sensación rarísima de no saber qué hacer con las manos.

Porque el móvil ya no es un objeto.
Es tu centro de control emocional.

En un país extranjero, sin idioma, sin mapas, sin redes…
la pérdida del móvil no es tecnológica.

Es existencial.

Te sientes pequeño.
Vulnerable.
Torpe.

Como un niño sin su madre en el Carrefour.

Y entonces lo entendí.
No había perdido el móvil.

Había perdido la sensación de control.

Sin poder escribir “estoy bien”
o “¿dónde estás?” si me pierdo,
tu cerebro se queda desnudo.

Vulnerable.

Pero…

pasadas unas horas de drama griego (con sudor incluido),
ocurrió algo raro.

Empecé a orientarme.
Sí, yo.
Con ojos y sentido común.

Me leí el libro que llevaba 20 días haciendo de pisapapeles en la mochila.

Y sin darme cuenta
había vuelto a los años 90.
Cuando esperábamos a alguien
y eso ya era una forma de meditación.

Ahí entendí algo que me jodió

No estaba conectada.
Estaba dependiente.

Y ahora viene la parte que te incumbe.

Eso mismo pasa con tu comunicación.

Especialmente si estás empezando
o si has aprendido una técnica nueva
y quieres que la gente te elija.

Empiezas a hablar con frases hechas.
Fórmulas.
Discursos prestados.

Porque dan seguridad.

Como el móvil.

Pero el día que eso falla...
te quedas igual que cuando se acaba la dopamina barata
de las notificaciones.



Por suerte, aquí en El Laboratorio Clínico tienes un espacio para que eso no te pase.


Feliz día!

Virginia
 
Volver
Arriba