Augusto
Magnate de barrio
- Desde
- 21 Feb 2026
- Mensajes
- 257
- Trofeos
- 56
Ayer, en la newsletter de Esto Crece, hubo un excelente regalo para la comunidad.
La carta abría con una idea muy interesante:
la lección de Hitchcock para vender cualquier cosa.
La pregunta era simple:
¿sorpresa o suspense?
Eso me hizo recordar un documental donde contaban que a Hitchcock le gustaba sorprender incluso a sus propios actores, para que sus reacciones de miedo o tensión fueran reales.
La audiencia lo sentía.
Algo parecido —salvando las distancias— a lo que ocurrió en la famosa escena de la mantequilla entre Marlon Brando y Maria Schneider en El último tango en París.
Una escena que terminó siendo considerada una de las más infames del cine.
Pero la verdad es que ni el cine ni el copywriting son siniestros por naturaleza.
Lo siniestro aparece cuando se usa el miedo como motor de atención.
Y eso vende.
Solo hay que mirar:
• CNN
• los informativos de radio
• los noticiarios de televisión
La atención humana se engancha muy rápido al peligro.
Entonces la pregunta interesante no es si eso funciona.
La pregunta es otra:
¿Dónde está la línea entre entretener, provocar… y manipular?
Porque una cosa es crear tensión narrativa.
Otra es la siniestralidad gratuita.
Y otra muy distinta es la violencia disfrazada de estrategia comercial.
Algunos imitadores de Isra Bravo parecen sentirse muy cómodos en ese submundo medio marqués de Sade de la pluma.
Pero al mismo tiempo añaden siempre el mismo escudo al final:
“Si no te gusta, te puedes dar de baja.”
Perfecto.
Pero hay algo curioso.
Muchos golpean fuerte con las palabras…
y luego se refugian detrás de esa frase.
En mi pueblo a eso le llaman algo muy simple:
llamar cabrón a otro desde debajo de las faldas de su mamá.
La carta abría con una idea muy interesante:
la lección de Hitchcock para vender cualquier cosa.
La pregunta era simple:
¿sorpresa o suspense?
Eso me hizo recordar un documental donde contaban que a Hitchcock le gustaba sorprender incluso a sus propios actores, para que sus reacciones de miedo o tensión fueran reales.
La audiencia lo sentía.
Algo parecido —salvando las distancias— a lo que ocurrió en la famosa escena de la mantequilla entre Marlon Brando y Maria Schneider en El último tango en París.
Una escena que terminó siendo considerada una de las más infames del cine.
Pero la verdad es que ni el cine ni el copywriting son siniestros por naturaleza.
Lo siniestro aparece cuando se usa el miedo como motor de atención.
Y eso vende.
Solo hay que mirar:
• CNN
• los informativos de radio
• los noticiarios de televisión
La atención humana se engancha muy rápido al peligro.
Entonces la pregunta interesante no es si eso funciona.
La pregunta es otra:
¿Dónde está la línea entre entretener, provocar… y manipular?
Porque una cosa es crear tensión narrativa.
Otra es la siniestralidad gratuita.
Y otra muy distinta es la violencia disfrazada de estrategia comercial.
Algunos imitadores de Isra Bravo parecen sentirse muy cómodos en ese submundo medio marqués de Sade de la pluma.
Pero al mismo tiempo añaden siempre el mismo escudo al final:
“Si no te gusta, te puedes dar de baja.”
Perfecto.
Pero hay algo curioso.
Muchos golpean fuerte con las palabras…
y luego se refugian detrás de esa frase.
En mi pueblo a eso le llaman algo muy simple:
llamar cabrón a otro desde debajo de las faldas de su mamá.