Voy a poner una opinión opuesta, porque lo fácil es caer en el "populismo" de aceptar y aplaudir la idea de que, para conseguir metas altamente soñadas y deseadas, hay que asumir inevitablemente el dolor, el esfuerzo, la fatiga inquebrantable y la renuncia a lo que otros disfrutan inconscientes y temerarios como una cigarra que se escojona de la hormiga (proletaria puteada y alienada, por cierto).
Pues te dejo otro enfoque, no por polemizar, sino por despertar otros puntos de vista.
¿Y si lo de sufrir para luchar por algo bueno es un puto timo?
¿Y si lo de renunciar a un placer inmediato para sacrificarse por un bien mayor y visualizado en el futuro puede ser una trampa?
¿Y si eso de "mientras tus colegas toman cervezas tú lees a Marco Antonio" es una puta mierda de consejo porque con tus colegas aprendes más o al menos te ríes y las Meditaciones estoicas de hace 2.400 años te la sudan?
No soy un buen ejemplo para ejercer estas ideas de vida hedonista y epicúrea, porque llevo desde los 16 años currando como un inconsciente burro que persigue una zanahoria que puede ser un holograma.
Soy un vago frustrado, porque me gusta, pero no lo ejerzo.
Yo solo te dejo con una reflexión: ¿dónde tienes ese documento notarial firmado y sellado que te garantice que no te vas a morir mañana y todos esos planes de futuro maravilloso como premio a la renuncia se esfuman como una nube de niebla?
Con una pequeña historia (bastante dura y truculenta pero 100 % real), quizás se vea mejor:
Estoriteliiin
Una persona de mi familia, soltera, funcionaria y muy bien situada, sin deudas, a gusto económicamente. Disfrutaba de muchos días de vacaciones y se pegaba enormes y preciosos viajes.
Ya sabes, que si Egipto, que si Machu Pichu, Nueva York, China... todo eso. ¿No?
Vale, a los 46 años un cáncer de páncreas con metástasis rápida y en 4 meses estábamos llevándonos sus cenizas en un cacharro del mismo color que mi termo del café. Un cromado mate. Aluminio.
Mi tía.
Entonces, sus hermanas (mi madre incluida, claro) tuvieron que hacerse cargo de sus cosas, la casa y su contenido. Era soltera, sin hijos.
Recuerdos de los viajes, ropas, fotos, secretos...
4 personas invadiendo todo eso y decidiendo qué hacer con esa puta máscara de Zimbaue, con el Kimono de Tokio y con los libros, discos de vinilo y zapatillas de deporte.
¿A la basura?
¿Lo quieren los sobrinos?
¿Se vende?
¿Se guarda algo? Yo no lo quiero, si lo quieres tú.
Todo perdido.
4 meses.
Planes de futuro no concluidos.
Esfuerzos del pasado no recompensados.
FIN