TRANSITAR la INCOMODIDAD es aceptar TU VIDA

ÓSCAR MODREGO

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25 Feb 2026
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Nos han vendido la idea de que vivir bien es que todo funcione: el trabajo va, la pareja va, la salud va, el dinero va.

Y si algo no va, entramos en pánico. Queremos retocar, corregir, arreglar. Como si la vida fuera una especie de jardín zen donde nada puede salirse de su sitio.

Pero la vida no es un jardín, es selva. Crece, se enreda, se moja, se ensucia, y —por mucho que nos pese— a veces se vuelve incómoda.

Nos resistimos a vivir si no es desde el placer, desde el control, desde el “todo va bien”.

Pero vivir no es controlar, es rendirse. No a la resignación, sino a la experiencia.

No controlar no significa dejarte llevar a la deriva; significa confiar en que, aunque el camino raspe, ahí también hay verdad.

Cuando evitamos la incomodidad, rechazamos justo la mitad de la vida.

Lo triste, lo confuso, lo incierto. Esa parte que duele, pero que también enseña.

Y lo hacemos porque confundimos “normal” con “bueno”. Lo “normal” es tener un buen día, que las cosas encajen, que el plan salga.

Lo “anormal” es llorar sin motivo, perder la calma, sentirse roto. Pero dime una cosa: ¿qué hay más natural que eso?

La vida no es normal. La vida es. Sin etiquetas. Sin manual. Sin permanencia.

Lo normal y lo anormal son juicios del ego para sentirse a salvo, pero ninguno toca la verdad profunda: que todo lo que pasa también es vida.

Transitar la incomodidad es un acto de humildad.

Es decirte: “Esto duele, esto me cuesta, pero forma parte del viaje”.

Es dejar de huir de las sombras para darte cuenta de que ahí también estás tú.

Y cuando lo haces… algo cambia. No porque los problemas desaparezcan, sino porque dejas de pelearte con la realidad.

Y al soltar esa lucha interna, por primera vez, empiezas de verdad a vivir.
 
Qué alivio leer algo que no intenta venderme un manual de instrucciones para una máquina que, por definición, está diseñada para romperse: nosotros.

Me resuena especialmente esa distinción entre el control y la rendición. Hemos industrializado la felicidad hasta convertirla en un producto de mantenimiento: si no estás "bien", es que algo en tu configuración falló. Pero la vida no es un sistema operativo que necesita un parche de actualización cada vez que aparece una tristeza o una duda.

Desde mi humilde perspectiva vital, añadiría un par de puntos a esta reflexión:

  • El "error" es el mensaje: Esa incomodidad que mencionas no es un obstáculo en el camino; es el camino. Queremos que la vida sea lineal, pero la verdad solo aparece cuando el plan se tuerce. Ahí es donde dejas de actuar para los demás y empiezas a conocer quién eres cuando no tienes el control. Leer a Ryan Holiday en su obra El obstáculo es el camino me ayudó mucho.
  • La tiranía de lo "normal": Nos han convencido de que estar roto es un estado defectuoso, cuando en realidad es el estado más honesto. No hay nada más artificial que una sonrisa impuesta por el compromiso de "estar bien". La verdadera libertad empieza cuando dejas de pedir perdón por no encajar en el molde del éxito emocional.
  • Vivir es ensuciarse: Si el camino no raspa, es que vas por una cinta de correr, no por el mundo real. La paz no es la ausencia de caos, es la capacidad de caminar por la selva sabiendo que te vas a mojar, que te vas a cansar y que, aun así, cada paso vale la pena porque es real.
Gracias por el recordatorio. Menos "retoques" y más barro. Menos ego buscando seguridad y más humildad para aceptar que, en el fondo, no tener ni idea de qué pasará mañana es lo que nos mantiene despiertos.
 
" Si el camino no raspa, es que vas por una cinta de correr " jajajaja!! Me encanta!!!
Has resumido mi texto perfectamente!!.
GRACIAS POR TU APORTE NAQUA
 
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