Imagina esto:
Tu producto funciona.
PERO...
Sabes que hay uno mejor en el mercado.
Aun así el tuyo se vende, tienes clientes y generas ingresos.
¿Qué haces?
¿paras?
¿mejoras?
¿sigues vendiendo?
¿dónde pones el límite entre negocio y ética?
Bueno, ahí me parece que estás cayendo en el error del aprendiz de intentar vender las características. Pero, el vendedor estrella, a lo Isra Bravo, vende los beneficios,
¿estoy cierto o errado? (vale, eso es portuñol, en español o en castellano como dicen en las Americas, así que para los gilipollas que no les gusta el portuñol, sería
¿tengo razón o no?)
(!Ojo!… portuñol, castellano, español o gallego, en realidad estamos hablando del grado de calidad de un producto, tomando como referencia la Real Academia Española, y siendo así, ¿cuál es el mejor? Los de Cataluña obviamente están dispensados de contestar

)
O sea, ¿para qué coño quiere uno un Ferrari si ni siquiera lo puede comprar, aunque tenga la mayor pasta del mundo, si aún no ha comprado un producto de inferior calidad? O sea, un Ferrari de segunda mano, pero ¡ojo!, con sello de origen… o “orgien”

… no es dislexia, es simplemente follar el bolsillo del cliente.
Bueno, dejo aquí un resumen de mi querido malevo Monge Malo y su Mentoría Lamborghini:
Nada nuevo. Isra Bravo lo cuenta en su nuevo libro a su manera:
ARROGANTE
Pero aquí va lo que dice un experto inglés en ventas Paul Russell de la Luxury Academy:
“Si quieres que los clientes confíen en ti, tienes que hacer algo que se siente completamente equivocado.
La mayoría de profesionales piensa que la confianza se construye con entusiasmo, con tranquilidad y diciendo que sí a todo. Ese enfoque puede funcionar en ventas normales, pero falla con clientes de alto patrimonio.
De hecho, la forma más rápida de generar confianza suele ser el movimiento que parece menos...