Mira, en domingo, Isra Bravo mencionó que un profesor de tango le enseñó una o dos cosas, y yo soy conocido como el rebelde del tango que enseña una o dos cosas a los profesores de tango. ¿Por qué? Porque la mayoría de los profesores de tango engañan a la gente. O sea, hablan muy lindo y después van a enseñar técnicas de ballet para el escenario que tienes que practicar horas y horas con una misma pareja, que no sirven para nada, es que para nada, cero, nil, niente, a la hora de bailar en una milonga social con alguien desconocido.
Y mira que en una milonga social, si uno baila más de una vez, el entorno de inmediato observa que “ahí hay caso”. ¿Qué quiere decir esto? Que uno mismo tiene que saber bailar bien con desconocidos todo el tiempo. Y hay técnicas para eso que no son técnicas de escuela mental ni técnicas artísticas. Son técnicas que uno sabe, como uno sabe caminar, solo que uno no sabe cómo camina, solo sabe que camina.
Las tribus africanas y los nativos americanos lo saben, pero la civilización occidental piensa que la mente lo puede saber, y no lo sabe. Así que están siempre preguntando a alguien entendido que no sabe la respuesta, porque la respuesta está en la entendida corporal, no en la mental.
Por lo cual, como en el tango, estamos todos un poco engañándonos unos a los otros, solo que unos tienen conciencia de eso y otros incluso sacan ventaja de ello.
Pero una de las grandes lecciones del tango en modo social, en las milongas, es que antes de bailar uno puede chamuyar lo que quiera, pero es en la pista, en silencio, que uno descubre realmente a la persona, muy allá de su mente, en tan solo 9 minutos, o sea, en una tanda de tres temas. Y ahí pasan cosas, como en mi caso, descubrir que una chica guapa en realidad es bien mandona y agresiva, o al revés, una chica fea es bien dulce y un placer estar a su lado.
Y a lo que voy es que eso lo detecto mucho: negocios que se venden muy guapos y después se ponen gritones, y al revés también es cierto.
Ahora, quien no vive en la calle, solo en su cabeza, piensa que hay que ser guapo sí o sí. Quien vive en la calle sabe que a veces el más feo tiene la chica más guapa, pero nadie tiene envidia de eso.