jtravera
Becario
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- 6 Ago 2025
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Hay algo que me obsesiona de los negocios físicos, concretamente en los restaurantes.
Los martes.
O tu equivalente al martes cualquiera que sea tu negocio.
Ese día en el que el local está abierto… pero más bien muerto.
Ese tramo horario en el que miras el reloj más veces que la puerta.
Ese momento en el que empiezas a pensar:
“Bueno… es lo que hay.”
Y no.
No es “lo que hay”.
Hace poco conté en mi lista cómo un restaurante empezó a vender una guía con sus mejores 3 recetas “para maridos que querían mojar esa noche”.
No se hizo rico.
Pero empezó a entrar un goteo de dinero sin servir un solo plato.
Eso ya era interesante.
Lo que no conté aquí es lo que pasó después.
Te hago un pequeño spoiler:
No bajó precios.
No hizo 2x1.
No metió descuentos.
No invirtió en anuncios.
Y tampoco cambió la carta.
Lo único que hizo fue entender algo incómodo:
El problema de algunos de sus clientes no era el hambre.
Era otro.
Mucho más silencioso.
Mucho más difícil de admitir.
Y cuando decidió atacar ese problema…
los martes dejaron de dar miedo.
Te doy otra pista:
No vendía mesas.
No vendía platos.
Vendía algo que muchas parejas no sabían cómo recuperar.
Y encima les quitó la fricción más grande que les impedía salir de casa.
Con eso fue suficiente.
No para hacerse millonario.
Pero sí para convertir el peor día de la semana en uno de los más especiales.
Y lo mejor:
No va de restaurantes.
Va de entender qué problema real estás ignorando mientras te obsesionas con tu producto o servicio.
Va de aprender a mirar tus “días muertos” como oportunidades disfrazadas.
Porque tu martes puede ser:
– Las horas muertas del taller.
– Las citas canceladas en la clínica.
– Las mañanas vacías en la tienda.
– Los clientes que no vuelven después de comprar.
La mayoría intenta “llenar huecos”.
Muy pocos cambian el significado de ese hueco.
El domingo cuento exactamente qué hizo.
Si no estás en la lista, no lo lees.
Y te aseguro que cuando lo veas pensarás:
“Joder… esto lo podría hacer yo.”
Porque probablemente sí puedas.
¿Cuál es tu “martes”?
Los martes.
O tu equivalente al martes cualquiera que sea tu negocio.
Ese día en el que el local está abierto… pero más bien muerto.
Ese tramo horario en el que miras el reloj más veces que la puerta.
Ese momento en el que empiezas a pensar:
“Bueno… es lo que hay.”
Y no.
No es “lo que hay”.
Hace poco conté en mi lista cómo un restaurante empezó a vender una guía con sus mejores 3 recetas “para maridos que querían mojar esa noche”.
No se hizo rico.
Pero empezó a entrar un goteo de dinero sin servir un solo plato.
Eso ya era interesante.
Lo que no conté aquí es lo que pasó después.
Te hago un pequeño spoiler:
No bajó precios.
No hizo 2x1.
No metió descuentos.
No invirtió en anuncios.
Y tampoco cambió la carta.
Lo único que hizo fue entender algo incómodo:
El problema de algunos de sus clientes no era el hambre.
Era otro.
Mucho más silencioso.
Mucho más difícil de admitir.
Y cuando decidió atacar ese problema…
los martes dejaron de dar miedo.
Te doy otra pista:
No vendía mesas.
No vendía platos.
Vendía algo que muchas parejas no sabían cómo recuperar.
Y encima les quitó la fricción más grande que les impedía salir de casa.
Con eso fue suficiente.
No para hacerse millonario.
Pero sí para convertir el peor día de la semana en uno de los más especiales.
Y lo mejor:
No va de restaurantes.
Va de entender qué problema real estás ignorando mientras te obsesionas con tu producto o servicio.
Va de aprender a mirar tus “días muertos” como oportunidades disfrazadas.
Porque tu martes puede ser:
– Las horas muertas del taller.
– Las citas canceladas en la clínica.
– Las mañanas vacías en la tienda.
– Los clientes que no vuelven después de comprar.
La mayoría intenta “llenar huecos”.
Muy pocos cambian el significado de ese hueco.
El domingo cuento exactamente qué hizo.
Si no estás en la lista, no lo lees.
Y te aseguro que cuando lo veas pensarás:
“Joder… esto lo podría hacer yo.”
Porque probablemente sí puedas.
¿Cuál es tu “martes”?