SoyJCG
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- 22 Feb 2026
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Aguantas la respiración hasta que te pones morado.
Te disparas en un pie porque sí.
Manejas tu auto con los ojos cerrados en plena avenida.
Son cosas cero inteligentes.
Sin embargo, es muy probable que ahora mismo estés haciendo algo parecido.
A ella le pasó. A mí también.
Ella fue analista de inversiones y escritora en Estados Unidos.
A sus 51 años, vive de sus inversiones desde hace seis.
Su plática es siempre agradable, profunda y brillante.
Teníamos una comida planeada el día de ayer.
Me mandó un mensaje a media mañana para retrasar el compromiso un par de horas.
Ella apenas despertaba y quería ir al gimnasio porque llevaba semanas sin mover las carnes.
Acepté sin drama.
Llegamos a tiempo, pedimos de comer y la charla fluyó.
Entre otros temas, me confesó con risas dos cosas:
- Quiero emprender o emplearme para tener algo que contestar cuando me preguntan: ¿a qué te dedicas?
- No fui al gimnasio por la mañana, otra vez divagué.
No perdí la oportunidad de irnos profundo en estas dos situaciones que las risas querían maquillar.
Ella no necesita el dinero, pero le urge la etiqueta.
No busca un empleo, anhela estructura.
Llevaba meses durmiéndose tarde, amaneciendo fundida, lamiéndose heridas con libros y redes sociales.
Se falla a sí misma, casi cada mañana.
Fue fácil compartirle que la entiendo. Yo también caigo, más cuando cualquier burn-out cansa la mente.
La voluntad es un músculo que se debilita rápido si no lo ejercito.
Mi técnica es el movimiento ciego a la cuenta de tres.
1, 2, 3 y salto de la cama.
1, 2, 3 y salgo a mi clase de Tai chi.
1, 2, 3 y atiendo a ese cliente -especial- que tanto me drena.
Y, a pesar de mi disciplina marcial, lucho a diario contra la cuenta regresiva del 3, 2, 1 y abro Instagram; 3, 2, 1 y quemo mi tiempo en YouTube; 3, 2, 1 y me mantengo ocupado a lo pendejo.
Ni tú, ni ella, ni yo somos eternos.
1, 2, 3 vive ya, y vive en
#TuMásSalvajeAmbición
Te disparas en un pie porque sí.
Manejas tu auto con los ojos cerrados en plena avenida.
Son cosas cero inteligentes.
Sin embargo, es muy probable que ahora mismo estés haciendo algo parecido.
A ella le pasó. A mí también.
Ella fue analista de inversiones y escritora en Estados Unidos.
A sus 51 años, vive de sus inversiones desde hace seis.
Su plática es siempre agradable, profunda y brillante.
Teníamos una comida planeada el día de ayer.
Me mandó un mensaje a media mañana para retrasar el compromiso un par de horas.
Ella apenas despertaba y quería ir al gimnasio porque llevaba semanas sin mover las carnes.
Acepté sin drama.
Llegamos a tiempo, pedimos de comer y la charla fluyó.
Entre otros temas, me confesó con risas dos cosas:
- Quiero emprender o emplearme para tener algo que contestar cuando me preguntan: ¿a qué te dedicas?
- No fui al gimnasio por la mañana, otra vez divagué.
No perdí la oportunidad de irnos profundo en estas dos situaciones que las risas querían maquillar.
Ella no necesita el dinero, pero le urge la etiqueta.
No busca un empleo, anhela estructura.
Llevaba meses durmiéndose tarde, amaneciendo fundida, lamiéndose heridas con libros y redes sociales.
Se falla a sí misma, casi cada mañana.
Fue fácil compartirle que la entiendo. Yo también caigo, más cuando cualquier burn-out cansa la mente.
La voluntad es un músculo que se debilita rápido si no lo ejercito.
Mi técnica es el movimiento ciego a la cuenta de tres.
1, 2, 3 y salto de la cama.
1, 2, 3 y salgo a mi clase de Tai chi.
1, 2, 3 y atiendo a ese cliente -especial- que tanto me drena.
Y, a pesar de mi disciplina marcial, lucho a diario contra la cuenta regresiva del 3, 2, 1 y abro Instagram; 3, 2, 1 y quemo mi tiempo en YouTube; 3, 2, 1 y me mantengo ocupado a lo pendejo.
Ni tú, ni ella, ni yo somos eternos.
1, 2, 3 vive ya, y vive en
#TuMásSalvajeAmbición